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jueves, 26 de junio de 2014

“¡Que lindos que eran esos tiempos de antes!”


José Lindner, incansable dirigente del Club San Martín

Las anécdotas de los bailes, los partidos y las reuniones familiares de antes. Recuerdos de una época que marcó una huella muy profunda en Pueblo Santa Trinidad.

Ha sido durante muchos años Presidente del Club San Martín de Santa Trinidad, integrante de la Comisión Directiva en diferentes cargos, pero sobre todo un incansable trabajador por esta institución social y deportiva.
A José, que tiene más de 70 años y sigue trabajando con las mismas energías de siempre en la construcción, le gusta tomarse un rato para contar anécdotas de antes. De esas que llenan de emoción y remiten a una época pasada. 
Recuerda, entre otras cosas, una obra de teatro de estilo gauchesca que hicieron en ocasión que viniera a Coronel Suárez un Cónsul ruso (invitaron al de Alemania pero no iba a estar presente) para la celebración de un aniversario de la creación de los Pueblos Alemanes. 
La obra se llamaba “Tientos de la misma lonja”, actuaban Elvira Scheffer, Agustín Perrig, el “negro” Martín, Ofelia Mildenberger de Dos Santos, entre otros. 
“La presentaron la primera vez en el salón viejo del Club San Martín y luego en el Cine Cervantes. Esa obra salió muy buena”, recuerda don José, destacando también las anécdotas que se generaban en los ensayos y en cada una de las presentaciones.
Lo que era verdaderamente bueno eran los bailes y en consecuencia José recuerda que “cuando el Club todavía no tenía salón se usaban las instalaciones de la familia Hall. Más de una vez, cuando se quedaban sin mesas, buscaban la mesa de la cocina de la casa de doña Rosa. Recuerdo un personaje de Coronel Suárez que llegaba tarde muchas veces y pedía una mesa: buscaban la de la casa de Rosa y la ponían en el medio del salón en la parte de tablones de madera, con los bailarines alrededor, haciendo mucho ruido, levantando polvareda y moviendo los vasos que estaban en ella apoyados”.
“En esos años casi no se preparaban mesas, simplemente se buscaban bancos largos, de hierro, que se buscaban en Casa Ferro y se disponían a los costados del salón, rodeando la pista. Allí se ubicaban las chicas lindas de la época, acompañadas, indefectiblemente, de sus madres, los varones movían sus cabezas en la clásica invitación a la distancia para ir hacia la pista de baile y si estaban seguros que iban a ser aceptados se acercaban hacia la joven y la agarraban de la mano, invitándola a bailar”. 
“En esos años, ante la presión de la gente que los votos que se emitían para la elección de la reina podían estar influenciados, se inventó otro sistema: la reina y sus princesas se elegían por la cantidad de cajas de bombones que se compraban en Casa Mazzuco”. 
“La chica que mas bombones recibía era la que ganaba el derecho de llevar la corona y el cetro”. “Transcurridos los años, vale contar ahora, que más de una vez los muchachos de la época, que ya trabajaban en el club, recorrían la casa de las candidatas tomando contacto con sus padres o el novio de la chica para motivarlos a más compras de bombones, bajo la frase ‘a la otra chica le están regalando más cajas de bombones’”.
José Lindner recuerda también los partidos de fútbol. Más de una vez se trataba de amistosos, porque todavía no estaba organizada la Liga. 
“Se pegaban fuerte, muy fuerte, pero todo dentro del marco del partido. Cuando terminaba todas juntas las hinchadas iban hacia la cantina a comentar las jugadas, a seguir debatiendo, pero todos juntos, sin pelearse, compartiendo entre amigos y conocidos y programando algún próximo encuentro”.
José Lindner y sus muchos recuerdos, donde no deja de repetir: “que lindos que eran esos tiempos de antes”.

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