
“Mi papá nos crió con dureza” –cuenta
Aurelia. “Enseguida nos gritaba, nos insultaba y nos pegaba, con la alpargata y
con el cinturón. Todavía conservo una cicatriz que me dejó con la hebilla del
cinturón en la pierna. Bebía mucho. Mi madre vivía llorando. A ella también le
pegaba cuando regresaba borracho del bar.
“Mi papá no trabajaba nunca. Era un caso
perdido. Lo único que hacía era tomar vino y jugar a los naipes. En casa nos la
rebuscábamos con lo que nos daban los vecinos para comer. La gente fue muy
generosa con nosotros.
“Cuando cumplí diecisiete años un estanciero
viudo de treinta y cinco, padre de seis hijos, me pidió en casamiento a mi
padre. Me entregó sin dudarlo a cabio de un poco de plata, que gastó en unas
semanas. Mi marido lo terminó echando de casa porque no soportaba que fuera
todos los días a pedir dinero. Se harto de verlo borracho –revela con ojos
tristes Aurelia.
“Tuve cuatro hijos. Enviudé muy joven, a los
treinta. El hijo mayor de mi esposo recién fallecido con un abogado y la ayuda
de un tío, se quedaron con toda la herencia. Me tuve que volver a casa de mi
padre con mis hijos. Él enseguida me volvió a entregar a otro pretendiente: me
caso con un hombre doce años mayor que yo.
“Los dos maridos que tuve me hicieron llorar
mucho. Me pegaron. Me maltrataron. Pero esa era la vida de la mujer en aquellos
años. No había a dónde ir. Tenía que pensar en mis hijos.
“”Lloré a mis maridos. Los quise mucho pero
ahora que estoy sola vivo más tranquila. Mis hijos me quieren, me cuidan, me
protegen.
“La vida fue muy dura para mí, es cierto,
pero también fui feliz. Trabajé mucho; pero también tuve momentos de alegría.
“Así es la vida” –sentencia Aurelia, poniendo punto
final a la entrevista.
Una historia dura, con un hermoso final, los hijos la quiere, cuidan y protegen.
ResponderEliminartriste historia !!!!pero no esta sola....tiene a sus hijos....
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