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jueves, 23 de octubre de 2014

Los Alemanes del Volga en Juan José Castelli, Chaco

Por Juan José Schmidt

Cuando aún era territorio nacional (actuales provincia de Chaco y Formosa), el gobierno de la nación fomentó  el asentamiento de colonos provenientes de países europeos, ya establecidos en la Argentina.Con el objetivo de crear colonias agrícolas, a fin de poblar  tierras desocupadas e impulsar la actividad agropecuaria, en lo que  previas mensuras se determinaban como colonia Juan José Castelli y colonia La Florida. Por ese entonces en la zona norte (impenetrable) se encontraban los asentamientos de pobladores criollos (norteños) provenientes de Salta  que se adentraron a Chaco en busca de mejores pasturas y aguadas, dichas estancias no se hallaban delimitadas por alambrados, por lo que los animales vacunos se diseminaban por toda la región, siendo éstos simples ocupantes de la tierra. Las comunidades aborígenes (tobas y matacos) por su parte se hallaban establecidas en las márgenes de los ríos Teuco, Bermejo y Bermejito.
Entre el 17 y el 26 de mayo de 1931 fueron llegando los trenes de contingentes a Presidencia Roque Sáenz Peña  con un total de 320 familias de descendientes de Alemanes del Volga provenientes de la provincia de La Pampa. El ferrocarril se detenía en la última estación ferroviaria trayendo a mujeres y niños.Además de sus pertenencias personales, traían caballos y herramientas en el sector de carga, en tanto que hombres e hijos mayores de edad hacían este trayecto en carros  tirados por caballos arribando semanas más tarde.
Por gestiones llevadas a cabo por el Sacerdote Redentorista Juan Holzer. LA UNION AGRARIA  GERMANO-ARGENTINA se encargaba del traslado y posterior radicación en sus respectivas colonias.
Los días posteriores a su llegada, se desarrolló un temporal de lluvia y llovizna, por lo que permanecieron  varios días alojados en improvisadas carpas a la vera de la estación ferroviaria y a la espera de los hombres que hacían el trayecto en carro. Fueron días difíciles que tuvieron que afrontar debido a las condiciones climáticas, sumado a  enfermedades por la contaminación del agua; la subsistencia alimentaria  estaba cubierta mínimamente por el gobierno y pobladores de la ciudad que acercaban donaciones.
Desde allí se dirigieron 120 Km. al norte en caravana,  con carros por caminos en medio del monte sorteando obstáculos que se presentaban, bordeando bañados, empantanándose, además de ser asediados por  alimañas propias de la zona.
Las colonias se hallaban en una gran pampa de 60 kilómetros de largo  por 40 de ancho de sud-este a nor-oeste, llamada con anterioridad colonia pastoril Rodríguez Peña.
Al llegar a las colonias ocuparon las campos previamente determinados para cada jefe de familia e hijos mayores de edad; dichas parcelas de tierra contaban con 100 hectáreas de campo, que el gobierno nacional entregaba en condición de ocupantes hasta tanto se pagara la tierra, para obtener luego sus respectivos  títulos de propiedad.

 Vestimentas características  de primeras  familias y casa típica

Luego de instalarse en sus respectivos chacras fueron levantando las primeras casas,  simples y muy rudimentarias, de adobes que ellos mismos construían con una mezcla de barro y bosta de vaca, en su mayoría estaban compuestos por un comedor principal, una cocina donde se elaboraban los alimentos en la tradicional “cocina a leña “y amplias habitaciones donde dormían hacinados los integrantes del grupo familiar numeroso. De patio amplio de tierra (bien barrido), a pasos de la casa  el horno de barro de grandes dimensiones donde se hacía pan casero, tortas tradicionales y el infaltable asado de los domingos; a un costado el galpón con techo de tierra donde se guardaba los pertrechos para los caballos, herramientas personales y demás enseres para el desarrollo de las tareas rurales.
 A no más de 100 metros. Se hallaba el pozo que abastecía de agua a los animales, además del aseo y consumo familiar, en tanto que los días calurosos cumplía la función de refrescar bebidas, que eran  bajadas en bolsas de arpillera sujetados a un lazo,  como así también conservar leche.
El cultivo predominante fue el algodón, producción desconocida para estos hombres y mujeres que venían de climas fríos donde se desarrollaban  los cultivos de trigo y lino en menor escala.
La siembra de algodón se realizaba en pequeñas parcelas no mayores de 10 hectáreas, en los inicios muy rudimentariamente por no contar con herramientas ni el conocimiento básico de cómo hacer su implante; Se roturaba la tierra con arado mancera tirado por un caballo, luego se comenzaron a utilizar los primeros arados de asiento de una y luego de dos rejas tirados por cinco y seis  caballos respectivamente atados en doble fila.     

Surcando la tierra con arado doble de asiento y cultivando el algodón

Para desmenuzar los terrones se utilizaban ramas de árboles, luego colocaban dientes de hierro a armazones de madera, para más tarde pasar a los armazones de hierro, más pesados que hacían mejor trabajo de preparación a la cama de siembra. Los primeros intentos fue sembrar al voleo  pero no resulto por lo liviano de las semillas, luego aparecieron las sembradoras de un surco y dos surcos que tiradas por caballos, facilitaron notablemente esta tarea, con la ayuda del gobierno quien proveyó semillas, además de una mínima capacitación para desarrollar esta actividad, a base de experiencias propias y de vecinos, con esfuerzo y tenacidad fueron mejorando la capacidad de rendimiento. Además sembraban maíz, batatas,  maní y zapallo para el consumo familiar. Tanto la carpida de las malezas como la recolección del algodón lo realizaba toda la familia. Su comercialización se hacía en Presidencia Roque Sáenz Peña, hasta donde en  bolsas de yute era transportada en carros, con una carga total de no más de 500 kg, esta  travesía se hacía por caminos de tierra, conocidos como picadas, esto le demandaba semanas, dificultados de sobremanera en días de lluvia, propios de esta época del año, para luego volver con mercaderías para la subsistencia del grupo familiar hasta la próxima cosecha; esta travesía era realizada por caravanas de dos o tres carros para que al hacer noche no fueran sorprendidos por eventuales delincuentes.
Además al poco conocimiento, se sumaron las sequías, también las inundaciones y las mangas de langostas, que arrasaban con todo a su paso, tanto sembradíos como pasturas para los animales.   Cabe destacar que los aborígenes  habitantes  hasta ese entonces de las márgenes de los ríos Bermejo y Bermejito, nómades que vivían de la caza y de la pesca; atraídos por la importante aglomeración de personas se acercan tímidamente a las colonias, donde aprenden el oficio de la cosecha manual del algodón, hasta ahora desconocido para ellos, pasando a vivir en forma sedentaria en parajes cercanos a las colonias, a partir de allí toma forma el foco de intercambio cultural más importante en la región, sumado a los pobladores  salteños y correntinos, estos últimos atraídos por la cosecha de algodón como así también otras colectividades  que se fueron sumando con los años.
Según relatan los mayores 1934 fue un año alentador, las cosechas fueron mejores, las langostas eran solo un mal recuerdo y los colonos se animaban a seguir produciendo en el Chaco.
Así los encontró el 17 de junio de 1936 con la inauguración de la línea férrea desde Sáenz Peña hasta el Km. 100, donde ya se comenzaban a levantar las primeras casas, instalar los primeros negocios y la primera desmotadora de algodón. Esto contribuía a mejorar la calidad de vida de la colonia, pudiendo comercializar el algodón, adquirir la mercadería y estar comunicados con el país por medio del ferrocarril, éste asentamiento se llamó Juan José Castelli, (actualmente Castelli) de espíritu progresista, siendo  una ciudad pujante gracias al oro blanco y al espíritu tesonero de un puñado de pioneros que regaron sus calles con el sudor de su frente.
Es de destacar que en 1928 un pequeño grupo adelantado de alemanes, al conocer la idea se colonizar la zona, se había instalado por sus propios medios en lo que se denominaba Villa Fortuni, formándose un caserío de no más de 10 viviendas, con la llegada del tren a Castelli se trasladaron al nuevo pablado instalándose definitivamente.
El deseo de tener su propia tierra, los animaba a seguir adelante, el apoyo de sus pares y la fe inquebrantable en Dios, fueron la base fundamental en esa incipiente comunidad”.
Decían mis padres: “Fueron días difíciles, no había médicos, ni caminos, cuando la cosecha no era buena o las mangas de langostas arrasaban todo a su paso, debíamos arreglarnos con lo poco o nada que teníamos, pero éramos muy unidos, entre todos nos ayudábamos para juntos salir adelante”.

A los alemanes del Volga

El Chaco los vio llegando                      
allá por los años treinta,                      
carros rusos y volantas                         
e ilusiones en su cuenta

Buscando nuevo horizonte                     
dejando olores de guerra,                   
se metieron en el monte                     
surcando la virgen tierra.                    


Eran rusos alemanes                            
de trabajo sin frontera,                       
gauchos los hizo la pampa                  
el honor fue su bandera.                     

Dejando campos de trigo                   
por tener su propio suelo,                  
se afincaron en Castelli                       
fue el algodón su consuelo.               

El verdor de nuestros montes           
con el blanco se abrazaba,                
cuando el arado de asiento               
en los surcos dibujaba.                       

Trabajando sin descanso
 de angustias pena y sudor,
la fe en Dios fue su guía 
para mitigar su dolor.

Al sonar un acordeón
la reja muda quedaba,
y por los campos se oía             
el bombo que retumbaba.

Eran polcas y corridos  
de diversión manifiesta,                      
con una caña casera  
estaba armada la fiesta.                                     

Muchos hijos fue su premio      
que tata Dios les mando,
poblando esta tierra noble
con estirpe y tradición.

Sus costumbres y dialectos
su cultura aun latente,
han quedado para siempre
en el alma de mi gente.        

Juan José Schmidt

Juan José Schmidt es nacidoen Castelli el 11 de octubre de 1967 es descendiente de alemanes del Volga; su abuelo nació en coronel Suarez provincia de Bs. As.en 1900; Su padre nació en Epupel provincia de la pampa en 1922. Escribió “En surcos de blanco algodón… su huella quedo marcada” en 2012 y en 2014 presentó “desandando la huella”. Su interés por rescatar la historia cultural es debido a un convencimiento de que no debemos olvidar nuestras raíces.
Es autor de innumerables versos e historias breves que fueron publicadas en antologías, considerado como narrador poético autodidacta e investigador del fenómeno cultural de los alemanes del Volga.

Miremos nuestro pasado,
vivamos este presente,
proyectemos el futuro,
en un mundo diferente.

Juan José Schmidt




 


5 comentarios:

  1. José Oscar Waispeek22 de febrero de 2015, 1:35

    Mi papá nació en Unanué La Pampa en 1926,y cuando era muy chico hizo el viaje a Colonia Castelli con mis abuelos y siempre me contaba lo desamparados que estaban al llegar , lo duro que fue comenzar de nuevo,casi sin herramientas y sin conocer el lugar ni el cultivo del algodon,el recordaba que un colono de otra nacionalidad que ya estaba en el lugar les enseñó las primeras cosas respecto al cultivo para arrancar,las langostas y la pelea para que no se comieran lo sembrado,en fin ,tal cual se cuenta en la nota.

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  2. como dije mi papa nación ( 8de julio 1926)al salir de la pampa y entrar casi a santa fe .se fueron en carro . los pumas .pusieron sus mejores caballo y llevaba una cosechadora de trigo .pensando que la tierra daría para eso muchos meses pasaron y muchos se quedaron en distintos lugres y formaron otros pueblos jamás se imaginaron con que se encontrarían .campos llenos de tuscales y tierras áridas

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  3. Soy descendiente en segundo grado de alemanes del Volga. Tengo parientes en Juan José Castelli. Mi madre llegó a contarme que muchos chicos murieron en el tren en el que viajaron los colonos, entiendo de cólera por falta de agua saludable y que eran enterrados a los costados de la vía. Mis padres nacieron y se casarton en Guatraché La Pampa. Una vez casados se vinieron a Buenos Aires. Conmigo de infante mi padre solía viajar todos los años a su lugar de nacimiento a ver a hermanos, parientes y amigos. Siempre todos en sus chacras, ya sea propias o alquiladas. Para cuando yo tuve 18 años de edad creo fue mi último viaje, en el cual fui sólo. Ya no había más chacras, era todo estancias. Así de sencillo.

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  4. Uno de los 11 hermanos de mi abuelo que vinieron de Rusia/Ucrania y que se habían radicado en La Pampa hizo esa travesía hacia Castelli con el sacerdote Juan Holzer. Todavía tengo alli familiares de mi tío abuelo. Los Zentner

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  5. Mi suegro es descendiente de la familia Heinrich, de Nicolás Heinrich. Hoy vive en Monte Grande añorando volver a Castelli y visitar el pueblo, la Iglesia, la Escuela, la Plaza, en fin , tiene 82 años y quiere esas imágenes y esos recuerdos para llevárselos con él. Emilio Heinrich es su nombre cualquier información que que le puedan acercar, mi mail oskabral@gmail.com, mi celular 1538809259, Oscar es mi nombre.

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