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viernes, 19 de junio de 2015

Las carneadas, típicas y representativas de las costumbres de nuestros antepasados

Una tradición bien arraigada en los pueblos alemanes. Miguel Baleman un vaqueano de esta actividad nos cuenta su experiencia.

Estamos en tiempo de mucho frío, época ideal para las carneadas y para degustar todos los productos que de ella devienen: chorizo seco, fresco, morcillas blancas y negras, queso de cerdo, bondiola, jamón crudo.
Consultamos a Miguel Baleman, que es de origen alemán y siente pasión por esta actividad. 
“Todavía me dedico a carnear cuando empieza el frío, estoy esperando las primeras heladas para comenzar la faena. Este año nos atrasamos casi un mes porque había mucha humedad, calor, mosca. Se puede carnear pero no es lo aconsejable, porque no se enfría la carne y entonces uno puede llegar a tener problemas con los chorizos que se ponen ácidos, los jamones se pueden echar a perder”. 
Cuenta que aprovecha todos los cortes de los animales que faena: “tengo un grupo de amigos a los que tengo que agradecerles cada vez que hablo porque me ayudan siempre. Con ellos hasta las patas de las vacas limpiamos, porque hacemos el típico tendón o la antigua tradicional carla que hacían los alemanes. Se cocina bien, se corta, se les pone ajo y perejil, u otros condimentos, y queda como para una entrada antes de la cena o para acompañar una cerveza a la tarde. Algunos amigos me dicen que lo único que tiro es el pasto que el animal tenía adentro de la panza. Saco el mondongo, limpio bien las tripas y las uso para el embutido. Trato de aprovechar al máximo todo. Por eso es importante tener gente dispuesta a trabajar. Cuando empieza el frío ya me empiezan a preguntar. Y los dos o tres días que dura la carneada no me encuentran en el taller”.
Recuerda Miguel las tradicionales carneadas con su familia, donde como hoy la actividad se transformaba en una fiesta de familia y amigos. Su padre no dejaba que nadie se acercara a las bateas donde descansaba la carne si no tenían la cabeza cubierta con gorra los hombres y con pañuelos las mujeres. 
Seguramente de esta actividad familiar, tan enraizada en los recuerdos de otros tiempos, conservó la pasión por esta actividad y también las recetas en torno a cómo elaborar cada uno de los productos para asegurarse el mejor sabor y la mayor producción.

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