Por Eduardo Mallea

Cuando los
pueblos han sufrido mucho y los hombres han pasado por muchas vicisitudes,
vejaciones y hambres; cuando la gente más común ha padecido muchas injusticias;
cuando los hombres han pasado por muchas vejaciones y hambres; cuando los
hombres han esperado en infinitas vigilias el cumplimiento de promesas que no
se han cumplido, y los desesperados llorado muchos infortunios, y los
estudiosos han velado sin confesión ni triunfo visible, y los artistas
trabajado sin éxito y las gentes de paz, pasión y amor llegado al crimen por la
sola ley humana de no saber cómo querer; cuando en fin una gran ola de
desaliento ha parecido ir a sumergir grandes fragmentos de dolor expandido, la
queja que se libera en definitiva, la palabra que se salva, el documento que se
rescata, esa queja, esa palabra, ese documento son la cultura. Porque cultura
es lo que el hombre que cultiva la tierra lleva cultivado en el rostro. Cultura
es lo que los libros dicen y cultura lo que dejan de decir, pero quisieron
decir. Cultura es coronación de grandes, majestuosos sufrimientos. Cultura es
todo aquello que no gana, sino que hace ganar; cultura es lo que no triunfa
sino después; cultura es espera.
La cultura
define a los hombres más allá de toda ficción o apariencia, se les resiste y
los resiste, los sobrevive; y a través de todos los tiempos conoce hasta en sus
variaciones menos perceptibles las falsificaciones del mundo, la vicisitud de
conciencia, los reclamos de la justicia, el curso de los astros y la dirección
de los ríos.
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