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martes, 22 de noviembre de 2016

Cuando mi madre fue niña...

Nunca tuvo
una muñeca de verdad,
ni de porcelana
ni de plástico.

Nunca tuvo
tacitas de té de verdad,
como tampoco tuvo
amigas en el campo.

Su muñeca
fue un corazón de trapo
y un alma de hilos, 
que le cosía su mamá.

Sus tacitas de té
fueron latitas vacías
de sardinas y tomates,
que a nadie le servían.

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