
En el bolsillo del saco llevaba las
cartas que había intercambiado con familiares que llegaron al país unos años
antes como avanzada, fundando colonias y aldeas en la inmensa pampa
indómita. En ellas estaban grabadas para
siempre las palabras que viajaron por meses llevando y trayendo noticias. Desde
el Volga, acontecimientos cada vez más tristes, más dolorosos y más traumáticos.
Desde la Argentina, sucesos cada vez más prometedores y llenos de esperanza.
Solo Joseph Melchior y su familia saben
lo que les costó llegar a la estación de trenes de Constitución y obtener sus
pasajes, hablando solamente alemán y arrastrando los grandes baúles de madera
en los que llevaban todas sus pertenencias. Buenos Aires era una ciudad descomunal
para ellos que estaban acostumbrados a vivir en las pequeñas aldeas del Volga.
Les producía vértigo moverse entre tantas personas yendo y viniendo desde todos
lados y hacia todas partes y ver obras de infraestructura gigantescas jamás
imaginadas desarrollándose por doquiera.
Pero llegaron a la estación, compraron
los pasajes con dinero que les habían enviado desde la Argentina, y ascendieron
al tren. Desde Constitución viajaron varias horas, deteniéndose brevemente en
poblados que apenas habían nacido hacía unos años y cruzando hectáreas y
hectáreas de campo en los que solamente se veía inmensidad, trigo, vacas y horizonte.
Cada vez menos gente a medida que se alegaban de la gran urbe y cada vez menos
civilización. Era claro para ellos que todo estaba por hacerse.
Por fin arribaron a destino: Sauce Corto (actualmente ciudad de Coronel Suárez). Los estaban esperando parientes y amigos. Abrazos, alegría y llanto. Todos querían información. Los de aquí querían saber de allá, de los familiares que habían quedado en las aldeas del Volga, y los que llegaban, querían saber de las nuevas colonias que se habían fundado hacía apenas unos años aquí.
Satisfechas momentáneamente las curiosidades, todos ascendieron a los carros, amontonando baúles en los lugares y espacios que encontraron, y partieron rumbo a Kamenka (en el presente pueblo Santa María), donde los esperaban los fundadores de la localidad y una vida nueva.
Por fin arribaron a destino: Sauce Corto (actualmente ciudad de Coronel Suárez). Los estaban esperando parientes y amigos. Abrazos, alegría y llanto. Todos querían información. Los de aquí querían saber de allá, de los familiares que habían quedado en las aldeas del Volga, y los que llegaban, querían saber de las nuevas colonias que se habían fundado hacía apenas unos años aquí.
Satisfechas momentáneamente las curiosidades, todos ascendieron a los carros, amontonando baúles en los lugares y espacios que encontraron, y partieron rumbo a Kamenka (en el presente pueblo Santa María), donde los esperaban los fundadores de la localidad y una vida nueva.
Hermoso relato de los que inmigraron con toda la esperanza de un futuro mejor.
ResponderEliminarMuchas gracias, Marta!
EliminarMuy lindo saber historias de estas, mis abuelos se radicaron en la colonia 2 mi abuelo paterno Juan Hefner y mi abuela Rosa Schwab, mis abuelos maternos Ignacio Heit y Margarita Holzmann, Mis padres Albino Hefner y Marcelina Heit
ResponderEliminarUn saludo cordial
Mi abuela se llamaba Ana Holzmann
EliminarHermoso mi esposo la historia de sus abuelos paternos es fascinante.
ResponderEliminar