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jueves, 27 de julio de 2017

Recuerdos de abuela


Graciela Schneider, oriunda de Pueblo Santa María, habla de su abuela María.

Lo que relata son, seguramente, vivencias compartidas por muchas personas que ciertamente tienen recuerdos adorables de sus abuelos. De mucho tiempo compartido, en momentos en que los padres de los padres ocupaban un lugar central en la familia.
“La abuela ocupó un rol importante en mi vida. Cuando era chica iba al colegio de Hermanas allá. La abuela María, la mamá de mi mamá, vivía a media cuadra de mi casa. Teníamos que ir a la Misa del Niño. La daban a las 6 de la mañana. Yo tenía 6 años, todos queríamos estar, entrábamos a clase a las 8 de la mañana y algunos días de la semana antes teníamos que ir a misa. Me quedaba la noche anterior en la casa de mi abuela. Era la típica abuela de camisón blanco largo de puntillas, con mañanita sobre los hombros”. 
Graciela cuenta que “por la noche, antes de dormir, era costumbre rezar arrodilladas a los pies de la cama y después la abuela tiraba agua bendita sobre el lugar en el que íbamos a descansar. Seguro que nos levantábamos a eso de las 5 de la mañana, tomábamos la leche y luego la abuela me miraba desde la puerta de su casa cómo hacía el recorrido hasta la Iglesia. En la Colonia no había luz como ahora, había un foquito en cada esquina. Mi abuela se paraba bajo la luz de la esquina, hacia la avenida donde estaba la Iglesia. En el medio de la cuadra no había luz; está oscuro, mi abuela se quedaba paradita, me daba vuelta, ella no me veía a mí, yo la veía a ella. Se quedaba esperando que entrara en el otro haz de luz, que era el de la avenida. Yo me daba vuelta, levantaba la mano y ella me devolvía el saludo. Me parece verla todavía”.
Graciela iba abrigada en los días de invierno, con las medias tejidas por la abuela, y en los tiempos en que hacía mucho frío fuera y dentro de las casas porque no estaban calefaccionadas como ahora era común que las mujeres –que en su gran medida vestían polleras- se abrigaran con bombachas de lana.
Graciela recuerda cuando la abuela amasaba tallarines: “en las Colonias era muy común el comedor y una cocina de invierno, donde generalmente también había una mesa con sillas. Mi abuela amasaba todo. Cuando hacía los tallarines caseros, los bordes, las colitas que quedaban cuando arrollaban la masa para cortar los tallarines, nos lo daba a nosotros, sus nietos. La cocina a leña ella la limpiaba con una especie de bocha de metal, quedaba tan limpia que uno podía reflejarse en ella! Nosotros poníamos esas colitas sobre la cocina y quedaba como un crocante riquísimo”.
En cuanto al Año Nuevo, “nosotros salíamos a desearle un buen año a la gente en general. En cada casa siempre les daban alguna golosina. Mi abuela, con 9 hijos, tenía muchos nietos. Ella compraba masitas con forma de animales, preparaba pañuelitos blancos y en cada uno de ellos ponía masitas iguales para todos. También esa golosina, las gallinitas que traían un jarabe adentro. Repartía lo mismo para cada uno. Todos llegábamos más o menos a la misma hora y controlábamos que a todos nos hubiera tocado lo mismo”.
Con toda ternura recuerda que le repetía a su abuela María las clases de catequesis, en alemán: “para mí era como que me contaran historias fantásticas. La monja nos contaba las historias del Antiguo Testamento con láminas ilustradas. Ese día yo me quedaba a dormir en la casa de la abuela porque todo lo que me había enseñado la monjita en castellano yo se lo contaba a ella en alemán. Por supuesto que las sabía, pero me escuchaba con mucha atención”.
“Es muy importante que las abuelas no desaprovechen el tiempo con sus nietos, porque eso queda grabado en el alma. La relación entre los abuelos y los nietos es única” finalizó Graciela Schneider.

1 comentario:

  1. Hola tengo mi compañero con tu mismo apellido schneider le dicen el ruso
    Jaa seguro que son parientes...

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