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viernes, 4 de agosto de 2017

La historia de la pequeña Elisa

Don José llamó a su hija de catorce años a la cocina para comunicarle que a partir de mañana comenzaba a trabajar en la casa de su compadre don Pedro, cuya esposa estaba embarazada de cinco meses y tenía que guardar cama hasta el día del alumbramiento, lo que la imposibilitaba de alimentar y atender a sus siete hijos.
A la noche, la niña, llamada Elisa, juntó sus poquitas pertenencias y a la mañana siguiente, llorando, se fue a vivir a la casa de don Pedro. Enseguida comenzó a cumplir con sus tareas: cocinar, lavar, planchar, cuidar y vestir a los niños y asistir a la embarazada en lo que le hiciera falta para hacerle más llevaderos los días en cama esperando el alumbramiento de su octavo hijo.
Elisa pasó, sin transición, de jugar a la mamá con su muñeca de arpillera a asumir todas las responsabilidades de un ama de casa.
Pasaron los meses, nació la criatura tan esperada por don Pedro; pero la madre murió en el parto.
Don Pedro quedó devastado, llorando a su esposa, con el bebé en brazos, rodeado de sus siete hijos. Mientras la pequeña Elisa se hacía cargo de todo. Los niños habían aprendido a quererla y si bien lloraban a su madre, se sentían protegidos y cuidados por ella.
Dos meses después de haber sepultado a su esposa, y haber llorado sin consuelo durante días, don Pedro fue a visitar a don José, el padre de Elisa, para pedirla en matrimonio. Don José no lo pensó mucho. Los hijos necesitaban una madre y don Pedro era un buen candidato.
Quince días después,  don Pedro y la pequeña Elisa se casaron. Elisa cumplía quince años y don Pedro había cumplido treinta y uno hacía apenas tres meses.

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