Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

sábado, 30 de diciembre de 2023

Quién se acuerda de esta tradición de Año Nuevo: Wünsche gehen?

 “Cuando éramos niños, el día de Año Nuevo era para nosotros una jornada de fiesta” -recuerdan
los más ancianos de la colonia. “Salíamos a visitar a toda la parentela vor wünsche (para desear feliz Año Nuevo). Entrábamos en todas las casas para desear un feliz comienzo de año a todos los integrantes de cada familia, y ellos, a cambio, nos obsequiaban masitas caseras, unas golosinas, escasas en aquel tiempo, y un poco de dinero, cuando había. Para los niños humildes de la colonia era, quizás, la única fecha del año en que recibían una golosina. Por eso no dejábamos de visitar ningún pariente ni amigo. Con cada regalo armábamos un paquetito que llamábamos Pindle: poníamos las golosinas en el centro de un pañuelo y uníamos sus cuatro puntas mediante un nudo”.


Así comenzaban Año Nuevo los niños de la colonia

El primer día del año los niños se levantaban bien temprano a la mañana, casi con el amanecer, para saludar a sus padres deseándoles feliz año nuevo, recitando un poema varias veces centenario y de autor desconocido, que dice así: Vater und Mutter ich wünsche euch glückseeliges neusjahr, langes leben und Gesundkeit; frieden und einigkeit und nach eren Tod die ewige klückseeligkeit”. “Das wüsnsche mir dir auch”, respondían mamá y papá mientras les obsequiaban algún presente.
Cumplido este ritual, los pequeños salían a visitar a parientes y amigos para también desearles la felicidad en el año nuevo que comenzaba. Pero esta ocasión el poema era otro: glück und segen / auf allen Wegen! / Frieden im Haus / jahrein, jahraus! / In gesunden und kranken Tagen / kraft genung, Freud und Leid tragen! / Stets im Kasten ein stücklein Brot, / das geb’ uns gott!
Al finalizar la jornada todos los niños de la colonia, sobre todo los más humildes, se sentían dichosos con la enorme cantidad de regalos que lograban reunir tras una larga jornada de “trabajo”, visitando tíos, abuelos y demás parientes (Autor: Julio César Melchior).

domingo, 24 de diciembre de 2023

¡Feliz Navidad!

 Es mi deseo que esta Nochebuena nos encuentre a todos juntos alrededor de la enorme mesa familiar, celebrando el nacimiento del Niño Jesús, tal como lo hacían nuestros ancestros, con los corazones plenos de alegría y bienestar, compartiendo el don supremo de estar unidos y agradecidos al Señor por los dones recibidos y por los que vendrán.¡Feliz Navidad!

jueves, 21 de diciembre de 2023

¡Das Christkindie kommt!

 ¡Ahí viene! ¡Ahí viene!
El niño Jesús
caminando por las calles
de la humilde colonia.

Va vestido de blanco,
las manos llenas de golosinas,
a visitar a los niños,
a consolar sus corazones.

Llega después del Pelznickel,
a secar las lágrimas,
que el viejo barbudo
hizo brotar con sus cadenas.

Ahí viene el Pelznickel

 Por las calles oscuras,
en la Nochebuena,
va de casa en casa,
el Pelznickel.

Un colono disfrazado
con el Pelz del abuelo,
de la época de la arada,
cuando caían las grandes heladas.

Sus gritos guturales,
su arrastrar de cadenas,
asusta a los niños,
que lo aguardan llenos de miedo.

Porque ya en la casa,
los hace arrodillar,
sobre granos de sal,
para sus travesuras expiar.

Y los obliga a rezar,
una y otra vez,
mientras los pobres niños,
lloran, aterrados, sin parar.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Eran otros tiempos, las aldeas de los alemanes del Volga

La pintura que retrata el texto 
es de Franz Haussler (1845-1920)
 Los pueblos alemanes, en otros tiempos, otros días, otras horas, allá lejos en la historia, eran localidades totalmente diferentes. Con otras tradiciones. Otras costumbres. Las personas vestían y vivían de otra manera. La existencia se desarrollaba apacible y tranquila. Por las calles de tierra trajinaban su pregón el vendedor de pan, carne, verduras, frutas y otros productos domésticos, cada uno con su carro característico: el carro lechero, carnicero ,verdulero, etc. Se conversaba en alemán a toda hora y en todo momento. En los hogares, en la escuela, en la iglesia, en las calles... Para comprar; para vender; para celebrar; para reír contando un chiste; para llorar relatando un recuerdo; siempre se recurría a la lengua alemana. No había otra; no se precisaba ni era necesario.
Sí, eran pueblos diferentes. Pueblos en los que la familia se reunía en torno a la mesa después de la cena a compartir relatos de trabajos que habían realizado durante la jornada, para después rezar en comunión y unidad; o cantar canciones tradicionales al ritmo de la verdulera; saborear Kreppel; en fin, vivir la vida con sencillez y profundidad, disfrutando de cada momento. Sin tanto lujo, tanto consumismo, sin pretender tener más que el vecino, sin tantos utensilios innecesarios que sólo llenan el hogar de artefactos eléctricos y lujo material pero lo vacían de lo esencial: la solidaridad.

domingo, 10 de diciembre de 2023

¿Te acordás del Pelznickel?: las tradiciones navideñas de los alemanes del Volga

Entrevista al escritor
Julio César Melchior,
realizada por

lanuevaradiosuarez.com.ar
 Los descendientes de los alemanes son poseedores de una riquísima tradición para estas fechas festivas que cierran el año, que traen noticias con esperanzas renovadas del nacimiento del Niño Dios y la posterior llegada de los Reyes Magos.
¿Cómo se vivía esta importante etapa del año? Esta pregunta La Nueva Radio Suárez se la hizo a Julio César Melchior, escritor sobre la historia, costumbre y tradiciones de los Pueblos Alemanes. 
En el principio, se refirió a San Nicolás, “que se conmemora todos los 6 de diciembre. Fue un obispo católico que vivió en el siglo IV. A partir de sus obras, con el transcurrir de los siglos, fue derivando en lo que hoy conocemos como Papá Noel”.
Claro que Papá Noel, indica, se terminó de consolidar a fines del siglo XIX, más toda la impronta del siglo XX a partir de la utilización de esta imagen de una popular fábrica de gaseosa. “Esto derivó después, para las Colonias, en lo que se conoce como el Pelznickel”. 
Explica que la Navidad y el Año Nuevo de los alemanes del Volga tienen una fuerte presencia religiosa, pero, a su vez, “deriva en una celebración familiar y social. Porque la costumbre de la Navidad, en cada Noche Buena, era concurrir toda la familia a misa, a las 12 de la noche. No estaba la costumbre del brindis y todo eso, porque se cenaba antes de ir a misa”.
Explica Julio César que “al regresar a casa, la familia esperaba la llegada del Pelznickel, que no era más que otro colono disfrazado con un sobre todo, por lo general negro, con botas de campo, una barba hecha con lo que encontraba, un sombrero”. Hay que tomar en cuenta el contexto: Julio César recuerda que en aquel momento no había iluminación eléctrica en las calles. “Se lo oía llegar de lejos, porque venía gritando sonidos guturales y arrastrando la cadena más pesada que pudiera encontrar para que escuchara sus ruidos. Hay que transportarse a esa época, los chicos entraban en pánico”.
Es que ese personaje ya sabía de antemano “las travesuras que los niños habían cometido durante el año -a instancia de los padres-, por lo que al ingresar a la casa preguntaba, ¿dónde están los chicos malos? Y los interroga”.
Los niños se escondían tras las faldas de la madre, debajo de la mesa, en el mejor escondite o buscaban escaparse. “El que había cometido alguna falta los hacían rezar, los pasaban por todas las oraciones. Era un momento complicado. Algunos traían una ramita y había algún castigo”.
Cuando este tenebroso personaje abandonaba la casa, “llegaba el Christkindie, que sería como el Niños Jesús. Generalmente era una niña, vestida de blanco, que traía golosinas. Era como representar el bien y el mal. Uno el castigo, el otro la resurrección, la vida nueva, empezar el año limpio”.
Estas representaciones fueron recuperadas en algún momento y se hicieron muy buenas representaciones, de la mano de alguna de las instituciones de los Pueblos Alemanes, hace unos años atrás.
Más vale que ambos personajes dentro de las tradiciones era una presencia intangible, traída por los padres y mayores en general, ante la travesura de los niños de la casa, recordándoles que para fin de año llegaban uno y otro. “Es como en otras culturas, el famoso ‘Cuco’. A los niños se los asustaba de esa manera. ‘Portate bien que va a venir el Pelznickel y te va a llevar’, le llegaban a decir”.
En los primeros tiempos de la Colonia, “aparecía en todos los hogares. Lo que por ahí no aparecía era la presencia del Christkindie. Pero el Pelznickel aparecía en todos los hogares” relata Julio César, aclarando que él no lo llegó a vivir. 
Pero tiene una anécdota de un amigo, mayor que él. “A mi amigo el Pelznickel le quiso llevar la hermana, porque siempre se peleaban, y todavía lo recuerda. Pasaron los años y cada Navidad lo recuerda”.

Tradiciones de Año Nuevo de los alemanes del Volga (entrevista al escritor Julio César Melchior, realizada por La Nueva Radio Suárez)

 Al amanecer del primer día del año nuevo los chicos les deseaban “el feliz día a sus padres, en alemán. Después, tomaban sus pañuelitos y recorrían a todos sus familiares y vecinos, deseándoles el feliz año y recibiendo a cambio dinero o lo que en aquel tiempo era más importante para ellos, porque no lo recibían nunca, las galletitas compradas o golosinas, algo inimaginable. Lo que les deban lo ponían dentro del pañuelito, lo ataban en las cuatro puntas y seguían recorriendo otros hogares”.
Otra costumbre de aquella época, que ahora ya no se hace más, y recuerda otra. “En Año Nuevo los protagonistas eran los niños. El 6 de enero se celebraba el Año Nuevo de los mayores. Ese día los que salían a brindar y a desear feliz comienzo de año eran los mayores”. Claro que “a ellos no se les daba golosinas. Se los convidaba guindado o algún licor. Imaginemos, yendo de casa en casa, cómo terminaba ese recorrido. Era muy habitual que sucediera eso. Porque no estaba bien visto decir que no. Entonces… una copita tras otra. Por eso todo terminaba en música, en baile, en jolgorio”, relata el escritor Julio César Melchior.
“Lo bueno es que no se pierda esto, que viva en la memoria colectiva. Que todos sepamos cómo fueron las Colonias en sus momentos, qué tipo de vida social y familiar llevaban, cómo era la cultura. Porque, en definitiva, forma parte de nuestra identidad y muchas de las acciones y reacciones nos vienen de aquel tiempo de manera inconsciente. Así sucede en muchos rasgos colectivos, individuales y de la vida diaria”.

domingo, 26 de noviembre de 2023

Abuela y nieta recuerdan lo dolorosa que resultó la integración de los habitantes de las colonias alemanas del Volga a la vida social y cultural del país

 -Hasta cerca de la mitad del siglo XX -explica Sonia-, los alemanes del Volga en la Argentina
vivieron casi de manera autónoma, manteniendo sus tradiciones y costumbres, incluido su idioma, el dialecto, que se usaba en la vida cotidiana, mientras que en la iglesia y en la escuela se utilizaba el alemán estándar. El
castellano, o español, sólo era usado para fines administrativos de las colonias.
-Es verdad, querida -reconoce doña Elisa, de 89 años. Las colonias eran autosuficientes. Producían y fabricaban todo lo que necesitaban. Era muy escaso lo que se compraba, generalmente en Buenos Aires.
-A medida que fue avanzando el siglo XX -agregó Sonia-, y con él el adelanto tecnológico en el área agropecuaria, creció la necesidad de un mayor contacto con la población local. Y surgió lo inevitable: la asimilación lingüística, en la que el castellano, o español, se fue transformando en la lengua más usada.
-Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial -continúa doña Elisa-, en que se prohibió la enseñanza del alemán en las escuelas. Porque hasta ese momento, a la mañana se dictaban clases en español y a la tarde en alemán. Todo eso desapareció de un día para el otro. Se llegó al extremo de castigar a los alumnos si hablaban en dialecto en los recreos. Fue un cambio muy traumático y doloroso para todos. En las escuelas parroquiales, por ejemplo, había religiosas que tuvieron que aprender a hablar bien el castellano, porque apenas sabían unas pocas palabras, porque muchas habían sido enviadas directamente de Alemania a ejercer su misión de evangelizar y educar aquí.
-Y así -prosigue Sonia-, se gestó el proceso de asimilación lingüística, en la que el español se fue transformando en la lengua más hablada por los jóvenes. Hasta el extremo de que, en la actualidad, los niños olvidaron por completo su lengua madre. Salvo raras excepciones. Y el excelente trabajo que llevan a cabo, en los últimos años, escritores e investigadores, comisiones culturales y sociales, que mantienen vivas las fiestas tradicionales, y algunas escuelas y docentes que también desarrollan una magnífica tarea, para revivir el dialecto.
-En este punto -interrumpe doña Elisa- hay que destacar la labor profesional que está desarrollando, desde hace más de veintisiete años ininterrumpidos, el escritor Julio César Melchior, que lleva publicados más de una decena de libros sobre nuestra cultura, abarcando casi todos los ejes temáticos de los alemanes del Volga: la historia, la cultura, las tradiciones, las costumbres, la infancia, la vida de la mujer, la gastronomía, en fin, la mayoría.
-Es verdad, abuela -reconoce Sonia. Leí todos sus libros. Sumergirse en sus obras es reconstruir el pasado de los alemanes del Volga. Muchas de ellas fueron premiadas, presentadas en la Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires, y trascendieron las fronteras.
-Y un detalle que a mí, como docente, siempre me gustó de Julio César Melchior es que él, desde el momento que comenzó a publicar sus obras sostuvo que rescataba y revalorizaba la historia y cultura de los alemanes del Volga. Porque es verdad que había mucho para rescatar pero esa palabra: revalorizar, siempre me resultó fundamental. Porque, por aquellos años, estamos hablando de casi treinta años atrás, todo lo que proviniera de las colonias o de los alemanes del Volga, estaba muy devaluado. La mayoría se avergonzaba de sus raíces. Ni que decir la vergüenza que teníamos de hablar en alemán fuera de la colonia o frente a extraños o en la ciudad, donde ni lo usábamos.
-Es comprensible, abuela, porque con la asimilación lingüística, en la que el castellano, o español, se fue transformando en la lengua más usada en las colonias y la integración casi forzada por hechos sociales y culturales externos, además de cuestiones políticas, y a la vez, deseada por los jóvenes, que buscaban nuevos horizontes, fue profusamente dolorosa y traumática. No te olvides hasta ese momento en que comienza la etapa de revalorización, nosotros éramos los rusos o los rusos de mier.. Para los adolescentes que tuvieron la suerte económica de, al menos, intentar asistir a la escuela secundaria, viajando todos los días a la ciudad, se les hizo muy difícil. Para algunos imposible. Eran literalmente discriminados. De diez que empezaban, terminaba uno. A veces, ninguno. Recién en la década de los ochenta era cosa más habitual ver asistir adolescentes a la secundaria, viajando de las colonias a la ciudad.
-Tenes razón, querida! Me acuerdo de una sobrina que cursó allá por el setenta y ocho, le decían rusa engordada con Dünnekuche, porque era, obviamente, algo rellenita. A veces, los chicos suelen ser muy crueles.
Sonia se levanta de la mesa, pone a calentar agua con una pava y a preparar mate. Mientras su abuela va hacia a la alacena y regresa con una fuente llena de Kreppel.
-Te pasaste, abuela -exclama sonriendo Sonia. Se ven riquísimos. Ya mismo pruebo uno.
-Los hice para vos. Me puse a amasarlos esta mañana, después de que me avisaste de que ibas a venir a tomar mate.

(Escrito por María Rosa Silva Streitenberger con la colaboración histórica y literaria, del escritor Julio César Melchior).

sábado, 4 de noviembre de 2023

¿Se acuerdan qué se celebraba en las colonias de antaño, luego de conmemorarse sucesivamente el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos?

“Durante las Rogativas se visitaba las tres cruces erigidas en los aledaños de la colonia, los niños marchaban adelante en formación y tomados de la mano, en dos bandas, varones y niñas. En medio caminaba Don Juan, todo lleno de devoción. Trasmitiendo por repetición hacia la grey infantil las Letanías de todos los Santos, para su contestación.
Los muchachos rezaban distraídamente, mientras sus ojos vagaban por los campos vecinos, llevándose a cada rato algún pozo por delante. Entonces Don Juan intercalaba sabias advertencias entre las advocaciones: ¡San Matías... ruega por nosotros!... ¡San Pedro. . . chicos más hacia la alambrada! . . . ruega por nosotros ¡Santa Cecilia... vean por donde caminan!... ruega por nosotros! ¡San Andrés. . . mira infeliz qué has pisado!. . . ruega por nosotros!” –escribió alguna vez el Padre José Brendel.

Greuz gehen (Kraitz Keie, que significa ir a la cruz)

Las Rogativas se definen como la visita en procesión para celebrar una ceremonia litúrgica frente a tres cruces enclavadas en tres puntos cardinales en las afueras de la colonia y que, en su conjunto, representan a la Santísima Trinidad. La procesión, precedida por un sacerdote, los monaguillos y el Schulmeister, portando una cruz, parte de la iglesia durante las tres mañanas siguientes a la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, o sea, el 2 de noviembre, para dirigirse a una de las cruces, en tres jornadas sucesivas, erigida a uno de los laterales de las calles de acceso a la localidad, para celebrar una ceremonia religiosa en Acción de Gracias por los dones recibidos durante el año fenecido y solicitar que la próxima trilla sea buena y que Dios prosiga bendiciendo a la comunidad con su gracia divina. La procesión retorna, cantando y rezando, a la iglesia, donde el sacerdote oficia una misa.
Un antiguo cuadernillo rememora que “los colonos se dirigen en procesión a las cruces, imbuidos de un profundo misticismo, y acompañados de las letanías de los santos; mientras que ya en el lugar, frente a Jesús crucificado, el sacerdote, luego de expresadas las letanías, oraciones y cantos, rocía con agua bendita los campos en señal de gratitud por los dones recibidos y en solicitud de buena cosecha. Y al término de la procesión oficia una misa en la parroquia.
La tradición proviene de antaño –continúa revelando el texto-, cuando San Gregorio Magno en el 590, las fijó para otorgarle mayor trascendencia a los festejos de la conmemoración de la entrada de San Pedro a Roma. Otros relatos, sin embargo, sostienen que el Papa lo hizo para sustituir las celebraciones paganas llamadas “Robigalia” (en honor al dios “Robigus”) que antiguamente efectuaban los labradores romanos, con procesión por los campos, para interesar la deidad a favor de los sembrados”. 

La identidad cultural de los alemanes del Volga nos une porque nos pertenece

 En sus aldeas junto al Volga, en las inolvidables Dobrinka, Dehler, Kamenka, Vollmer, Hildmann, Seelmann, Streckerau, Grimm, Köhler, Norka, Rothammel, Sarepta, Huck, Norka, Seewald, Pfeifer, Husaren, Rosenberg, Brabander, Marienberg, Balzer, Rosental, Lagenfeld, Eckheim, Stahl, Weigenfeld, Josefstal… y muchas muchas más, nuestros ancestros vivieron una niñez y una vida siguiendo las tradiciones y costumbres que se llevaron en sus raíces desde sus hogares natales, en Alemania (por aquel entonces el Sacro Imperio Romano Germánico), y a las que luego continuaron fieles en las aldeas y colonias que fundaron aquí, al emigrar a la Argentina.
Esa manera de vivir la niñez y las tradiciones, costumbres y ritos con las que desarrollaban sus vidas, muchas de ellas perdidas ya, las rescato en mis libros "La infancia de los alemanes del Volga" y "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", para revalorizarlos y preservarlos en la memoria colectiva de nuestro pueblo.
Pueblo que aquí fundó las aldeas y colonias de Pueblo Santa María, Pueblo San José, Pueblo Santa Trinidad, Colonia San Miguel, Colonia Nievas, San Miguel Arcángel, Colonia Santa Rosa, Colonia San Pedro, Aldea Valle María, Aldea Spatzenkutter, Aldea Salto, Aldea San Francisco, Aldea Protestante, Aldea Brasilera, Aldea María Luisa, Santa Anita, Juan José Castelli… y muchas muchas más, conservando las mujeres un estilo de vida que fueron heredando de generación en generación, desde su partida de Alemania (por aquel entonces el Sacro Imperio Romano Germánico), la tierra natal, el hogar nunca olvidado, pasando por las aldeas erigidas a orillas del río Volga, hasta llegar a esta nueva tierra, la tierra prometida, y a las cuales se mantuvieron firmes hasta más allá de la mitad del siglo XX. Un estilo de vida, de formación, de educación, de vestir, que rescato, revalorizo y preservo, en mi libro "La vida privada de la mujer alemana del Volga".
En ese largo devenir de dos emigraciones y de mantenerse inquebrantables en la conservación de la identidad, también mantuvieron tradiciones, costumbres y recetas de comidas, con ingredientes y sabores únicos las cuales rescato, revalorizo y preservo en mi libro "La gastronomía de los alemanes del Volga".
En mis obras está impresa la identidad cultural de mi pueblo, el pueblo de los alemanes del Volga. Foto histórica de la casa: Esta vivienda histórica se encuentra en pueblo Santa María a 15 Km de Coronel Suárez y fue edificada en los albores de la localidad.

lunes, 23 de octubre de 2023

¿Lo sabías? (Costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga)

 

Casi agotada la primera edición de su libro "La Profecía", el escritor Julio César Melchior lanza una nueva edición en formato digital

 Dado el éxito alcanzado, el escritor tomó la decisión de lanzar una nueva edición pero esta vez en formato digital, dado el enorme interés que ha despertado en los lectores este libro escrito en versos y que se sumerge en lo más profundo del alma humana, teniendo como telón de fondo la pandemia que asoló a la humanidad hace apenas unos pocos años.

La solidaridad, la empatía, la justicia, la fortaleza, el amor, la pasión, la generosidad, la fe… son paradigmas de una humanidad y una sociedad que, frente a un peligro desconocido, no siempre logra conservar intactos.
Recordemos que el libro fue lanzado hace apenas unas semanas mediante un vídeo filmado en instalaciones de la Biblioteca Popular Sarmiento, con el auspicio de la Dirección de Gestión Cultural de la Municipalidad de Coronel Suárez, a cargo de Marcelo Castorina, y la lectura de poemas a cargo de los periodistas Nancy Augusto y Pablo Barizone.

• Para los que deseen adquirir los últimos ejemplares en formato papel, pueden comunicarse con el autor al WhatsApp 11 2297 7044 o concurrir a Isabela Libros, en Coronel Suárez.

• Y los que quieran adquirir la obra en formato digital pueden escribir a laprofecia@gmail.com

martes, 10 de octubre de 2023

Si vas de visita a mi pueblo (un pueblo típicamente alemán del Volga)

 Si vas de visita a mi pueblo y recorres sus calles al atardecer, verás familias enteras sentadas en las veredas tomando mate, a la sombra de los árboles, conversando en alemán. Verás a los niños jugar en libertad, sin miedo, corriendo detrás de la pelota. Verás un cielo de estrellas surgir lentamente en el horizonte, con la noche que llega y el día que se va con el sol, cobijada en los brazos de la luna. Verás lugares hermosos, en los que se conjuga el ayer con el hoy. Verás viviendas que se construyeron con el pueblo, en los lejanos años de la fundación. Con techos a dos aguas, corredores largos y amplios, cenefas, bombas de agua, jardines con todo tipo de flores, patios grandes, verdes, huertas, molinos. Una iglesia majestuosa. Una avenida ancha. Ramblas con árboles centenarios.
Si vas de visita a mi pueblo, saluda a mi gente, esa bella gente de alma generosa, manos extendidas, temerosa de Dios, trabajadora, honesta, sacrificada, que nunca baja los brazos. Que jamás deja de creer. Esa gente rubia de ojos claros que descienden de colonos que un día llegaron a esos lares desde las lejanas tierras del Volga, a forjar su ideal en este suelo argentino.
Si vas de visita a mi pueblo, diles que los extraño y que jamás los olvidé. Diles que sueño con volver y descansar junto a ellos. Diles que estoy regresando. Diles que ya reservé mi lugar, junto a mis padres y a mis abuelos, al lado de mis hermanos.
No te olvides de darles mi mensaje. Ellos sabrán comprender. Y echarán a volar las campanas para esperarme y acompañarme en mi último viaje.

sábado, 7 de octubre de 2023

¿Lo sabías? (Costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga)

 Hábitos, reglas, estilos de vida que regían la relación de los hijos con los padres. ¿Cómo eran las relaciones intrafamiliares en tiempos no tan lejanos? Una pregunta, junto con ejemplos, que iremos respondiendo en sucesivas publicaciones.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Travesuras eran las de antes

Fuente de foto: www.tuexperto.com
 La yerba era cara, al igual que el azúcar, que se usaba en terrones; pero cuánta felicidad nos inundaba el alma cuando mamá nos cedía la pava y el mate, después que los mayores habían concluido de tomar.
Esos mates lavados nos representaban la dicha suprema, nos hacían sentir grandes, como mamá y papá, como la abuela y el abuelo.
Aunque, tenemos que ser sinceros, muchas veces, eran más los terrones de azúcar que consumíamos que los mates que tomábamos. Tanto que mamá terminaba por quitarnos la azucarera y esconderla en un lugar secreto, que siempre, algunos de nosotros terminaba por descubrir.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Historia de vida de un abuelo alemán del Volga

 Trabajar desde niños. Obedecer a los padres sin contradecirlos. Casarse. Tener hijos. Criarlos y educarlos. Jamás pensar en sí mismos. Mandatos ancestrales que el hombre debía cumplir desde el momento que nacía y hacer cumplir desde el instante que se casaba. Una historia que desnuda una vida y nos acerca al pasado, para comprender el presente.

-Tenía diez años. Me acuerdo muy bien. Mi papá me mandaba a pastar las vacas por las calles rurales porque había sequía. Yo solito, con la única colaboración de un perro, cuidaba de cuarenta vacas lecheras. Era todo el capital que poseía mi padre. Papá era dueño de un tambo. Ordeñábamos bien temprano, de madrugada, porque las nueve había que llevar la leche a la quesería, una fábrica que existía cerca de la colonia tres. Tomaba el desayuno y a la calle. Me llevaba un poco de carne, pan y yerba. Encendía fuego en algún reparo que encontraba. A veces hacía tanto frío que titiritaba. Pero había que estar igual. Las vacas tenían que comer, no solamente para no morir de hambre, sino para dar más leche. Las heladas eran tremendas. Se me congelaban las manos y los pies. Los guantes y las medias de lana hilada que tejía mi madre no alcanzaban para mitigar el frío. Llega a casa al atardecer, encerraba las vacas en el corral, y me iba corriendo a sentarme al lado de la cocina a leña para calentar el cuerpo. Mamá me esperaba con mate cocido y Kreppel, chorizo casero y jamón. ¡Qué rico era comer aquellos manjares y ver a mi madre sonreír satisfecha! –cuenta don Luis.
-Ese trabajo lo hice casi todos los años de mi niñez porque mi padre tenía poco campo y la cantidad de cabezas de ganado aumentaba con cada parición. Me conocía todos los secretos de los caminos… Dónde podía refugiarme si hacía mucho frío, si llovía, si soplaba viento… Donde había un nido con pichones… También conocía a todos los chacareros de la zona que pasaban saludándome y haciéndome bromas, cuando iban a la colonia. Era una época difícil pero yo era feliz. Llevaba mi honda, cazaba pajaritos para comer. Me acuerdo de una vez en que, por correr detrás de una liebre con el perro, me descuidé y las vacas salieron corriendo en estampida, en una carrera loca que las llevó lejos, bien lejos. Me costó laburo y mucho llanto volver a juntar todas. Tenía mucho miedo a que mi padre se enterara y me castigara. Nunca más volví a cometer ese error. Uno aprende de las macanas que se manda –afirma.
-Cuando no tenía que estar en la calle con las vacas, tenía que ayudar a mi madre y a mi padre en las tareas domésticas y en el campo. Me gustaba más trabajar con mi mamá, ella no me gritaba y tampoco me pegaba. Papá se enojaba mucho y cuando se enojaba, era bravo. Me acuerdo de una vez en que me dijo que enlazara un carnero y yo enlacé una oveja. Me equivoqué feo y me dio miedo. Comencé a llorar. Cuando mi padre vio mi error y mis lágrimas, me retó furioso no solamente por la macana que había hecho sino porque lloraba como una mujer. Sacó su alpargata y me pegó. Me retaba y me pegaba una y otra vez –rememora.
-Trabajé con mis padres hasta que cumplí los quince años. Entonces le pedí permiso para buscar otro trabajo. Me dijo que sí; pero si me iba no podía regresar a trabajar nunca más con él. Acepté. Era duro. No se le movió un solo pelo cuando me lo dijo. Me dolió mucho. Pero nada podía ser peor que trabajar con él. Así que junte las pocas cosas que tenía y me fui para siempre –evoca en un quiebre emocional.
-Me fui del campo sin un peso. Mi papá no me dio nada. Tampoco me dio la mano para despedirme. Mamá lloraba mirando cómo sucedían las cosas. Cuando me ensillé el caballo y empecé a marcharme, papá estaba arando el campo, indiferente a lo que hacía yo. Seguramente estaba ofendido conmigo porque lo dejaba solo en la chacra con tres hijos pequeños. ¡Pero así es la vida! Uno no piensa cuando es joven. Quiere ser libre. Quiere tener su propia plata. Y a los meses la tuve. Porque enseguida empecé a trabajar en una estancia, a cincuenta kilómetros de casa. Los fijes de semana tenía dinero para ir a los bailes de la colonia. Paraba en la casa de los padres de un amigo. Íbamos a los bares- ¡Qué tiempos aquellos! –sonríe.
-Me agarraba unas curdas tremendas. Pero en aquellos años era algo normal.se tomaba mucho. Me acuerdo que más de una vez me llevaron a la estancia en carro porque ni siquiera podía subir al caballo de la curda que tenía encima. ¡Eso sí! –recalca- Los lunes a la mañana estaba en el trabajo. Jamás falté. Era muy cumplidor. Nunca le fallé al patrón –asegura.
-Veníamos a la colonia con mucha plata. Eran años en que se ganaba muy bien en el campo. Nos divertíamos a lo grande. Me acuerdo de las grandes fiestas Kerb. ¡La gente que había en la colonia en esos días! Asado, bailes y farra por todos lados. Todos contentos. En la Escuela Parroquial las religiosas preparaban kermeses. Había tantos juegos y tanta gente en el patio que era imposible caminar sin llevarse a alguien por delante. Me acuerdo del juego de las latas apiladas unas sobre otras que había que voltear con tres pelotas fabricadas con medias de hombre rellenas de telas o papel. Nos matábamos de risa. A veces también se proyectaba alguna película en el Salón Parroquial. ¡Era todo un acontecimiento y un lujo! Las películas que recuerdo son las de Chaplin, El gordo y el flaco… ¡Qué divertidos que eran! Las películas de cowboy. El inolvidable John Wayne y sus duelos con los vaqueros malos y los indios apaches. ¡Qué linda época! –exclama satisfecho consigo mismo y sus recuerdos.
-Una de aquellas noches, en un baile, conocí a María, mi esposa. Estaba con su hermana y sus padres. Me gustó enseguida. Así que junté coraje y a los quinces días fui a ver a su padre para decirle que me quería casar con ella. Me dijo que sí; pero que tenía que esperar tres meses y que podía visitarla todos los domingos a la tarde, de cuatro a seis. Siempre que la visitaba estaba presente la mamá. En ningún momento pudimos mantener una conversación en privado. Transcurridos los tres meses, nos casamos y me la llevé al campo a trabajar de matrimonio. ¡Era brava la María! No le gustaba el campo. Me costó mucho domarla y hacerle entender que yo ahora era su marido y ella tenía que hacer lo que le decía. No hizo falta pegarle para que entendiera. Ella era mía. Unos pocos gritos bastaron para que entrara en razón. Nunca tuve quejas de ella. Fue una buena mujer. Me dio ocho hijos: tres mujeres y cinco varones. Todos sanos –revela orgulloso.
-A los doce años de casados pudimos juntar la plata para comprarnos una casa en la colonia. Era chica pero suficiente para nosotros. Los chicos empezaron a ir a la escuela. Los menores terminaron. Los mayores tuvieron que dejar para salir a trabajar. Todos tenían que aportar para poner la olla. Nadie comía de arriba. Había que ganarse la comida. Los más chicos ayudaban a mi esposa en la quinta de verduras: a regar, a carpir y a hacer chucrut, pepinos en conversa –acota con cierta displicencia, como dando a entender que esas eran tareas de mujeres.
-Yo seguí en el campo, laburando como una bestia durante toda mi vida. Si no trabajás no tenés plata y si no tenés plata no podés vivir ni mantener a tu familia. Eso lo sabe cualquiera –sentencia.
-Trabajé hasta que me jubilé. Mis hijos, como todos los hijos, se casaron, se fueron de casa y se te he visto no me acuerdo. Todos hicieron su vida. Uno vive en Buenos Aires, otro en Bolívar, y así –describe.
-Yo quedé viudo hace ocho años. Vivo solo y me las arreglo solo. No necesito de nadie. Nunca necesité de nadie. Siempre pude solo y también puedo ahora. Viví mi vida y no me quejo. Ahora solamente me queda esperar que Dios me llame” –concluye Luis Agustín Lambrecht.

El carro del abuelo

Este carro es exhibido en la plaza " Andenkenplatz" 
de pueblo Santa María, Provincia de Buenos Aires,
Argentina.

El carro del abuelo duerme su sueño de olvido recostado en la tierra mustia del pasado, esperando ser rescatado por la memoria colectiva. Aguarda en silencio revivir las anécdotas que otrora lo tuvieron como protagonista allá lejos en el tiempo, cuando la colonia y el abuelo eran jóvenes y las calles eran de tierra, las casas de adobe, con paja en los techos, y en los patios había una bomba de agua y un Nuschnick en el fondo. También huertas de verduras, gallineros, cerdos y vacas lecheras esperando ser ordeñadas todas las mañanas. Cuando los campos florecían de trigales y los sueños germinaban en la tierra virgen de la pampa argentina.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

¿Quién tomó Wunderbalsam alguna vez en su vida?

 Estaba en casi todos los hogares de la colonia y se lo recetaba para cualquier tipo de dolencia, se
lo consideraba sanador y efectivo. Se decía que jamás fallaba. La dosis a ingerir, dependía de la edad del paciente y de la dolencia, ya que podía ir desde una cucharadita de té hasta una cucharada de las que se utilizaba para tomar la sopa. En ocasiones, dependiendo de la rebeldía de lo que a uno le aquejaba, podía ser aún mayor.
Muchas veces también, se remojaba un terrón de azúcar, que tampoco debía faltar en ningún hogar, porque el terrón de azúcar se utilizaba para tomar mate. Esta técnica de remojar un terrón de azúcar con Wunderbalsam se usaba porque, antiguamente, esta pócima era bastante amarga.

martes, 19 de septiembre de 2023

¿Quién recuerda las semillas de girasol tostadas en el horno de la cocina a leña?

Inolvidables tardes de domingo, en casa de la abuela, comiendo semillas de girasol, que abríamos con los dientes, y que ella tostaba en el horno de la cocina a leña.
Era una tradición infaltable y cuya ceremonia se desarrollaba de la siguiente manera: llegábamos de visita, la abuela nos recibía efusivamente, preparaba el mate y después de estar tomando mate durante un rato, mientras las mujeres se ponían al día de las novedades, la abuela traía algo rico para comer, Dünnekuchen, Kreppel, Strudel, elaborado por ella.
Cuando todos terminaban de probar y degustar esas delicias y el último de todos los que seguía tomando mate decía gracias, no quiero más o algo parecido, la abuela guarda todos los enseres y se aparecía con una enorme fuente llena de semillas de girasoles.
Era el momento en que todos, al ritmo de las palabras de las largas conversaciones, pelábamos las semillas con los dientes para comer las pepitas.
¡Un tiempo hermoso de una época inolvidable!

Tiempos hermosos, y una época inolvidable, que sobrevive en los libros "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", con historias, vivencias, 50 fotografías antiguas, y "La infancia de los alemanes del Volga", que cuenta todas las etapas de la niñez en las aldeas. Ambos libros contienen tradiciones y costumbres de aldeas y colonias que se mantuvieron por siglos. Los pueden adquirir escribiendo por WhatsApp al 011 2297 7044 o por mail a historiadorjuliomelchior@gmail.com.

No nos olvidemos de nuestro pasado

 El pasado es tiempo que no regresa, que no se repite y queda impregnado sólo en nuestro recuerdo de a pedacitos. Lo atesoramos mediante imágenes, olores, sabores y sensaciones, pero nos quedamos incompletos queriendo más. Para tener más de ese pasado y poder revivirlo una y otra vez escribí estos libros. Desbordantes de pasado, ese pasado añorado que me transmitieron por años los ancianos de la colonia. Sus recetas, fotografías, historias de vida, anécdotas, sus vivencias y secretos. Todo absolutamente todo lo volqué en libros, para quien desee incorporarlos a su vida y a su historia familiar. Para que esa historia no se borre y se diluya con el pasar del tiempo y así leguemos a nuestros descendientes todo lo maravilloso de nuestra gente.

Te invito a leer y reencontrarte con tu historia, la historia de nuestros queridos abuelos: "La vida privada de la mujer alemana del Volga", "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", "La infancia de los alemanes del Volga" y "La gastronomía de los alemanes del Volga". Libros que rescatan y revalorizan la historia y cultura de nuestros antepasados.

domingo, 17 de septiembre de 2023

La gastronomía de los alemanes del Volga

 ¿Los conocen? ¿Los han probado? ¿Quién los hizo en sus familias, mamá, abuela? ¿Hace cuánto no los comen? ¿Qué recuerdos les trae esta imagen? Para quienes no lo conozcan esta delicia se llama Der Kreppel y los elaboraban las mujeres antiguamente, y la particularidad es que, a mayor tiempo transcurrido de ser elaborados, mas sabrosos estaban. Esta receta se encuentra en el libro "La gastronomía de los alemanes del Volga" de Julio César Melchior que rescata muchas recetas antiguas, tradicionales, que elaboraron las mujer en las aldeas y colonias. Muchas delicias y recuerdos en un sólo libro.

Recuerdos de nuestra infancia (de los alemanes del Volga)

Un libro único
En nuestra infancia, en la colonia,
jugábamos al fútbol en los baldíos,
hacíamos renegar a doña Anna
rompiéndole de un pelotazo
los vidrios de las ventanas de la cocina,
trepábamos árboles añejos,
buscando huevos en los nidos,
nos metíamos en la huerta del vecino
a hurtarle las ciruelas durante la siesta
y al regresar a casa, nos esperaban,
mamá con un sermón en los labios
y papá con la alpargata en la mano.

En la escuela, durante los recreos,
jugábamos a las bolitas,
llenando el patio de hoyos
y el guardapolvo de tierra,
también jugábamos a la mancha
y a la escondida,
a la payana con cinco piedritas,
al trompo y a las figuritas,
y con tiza dibujábamos una rayuela,
para saltar de baldosa en baldosa,
hasta llegar al cielo,
dónde nos esperaba la señorita.

viernes, 15 de septiembre de 2023

Hoy les quiero agradecer

El escritor Julio César Melchior junto 
a su hermana María Claudia.
 Quiero compartir con ustedes, mis amigos virtuales de Facebook y de la vida, la alegría inmensa que vivimos el fin de semana con mi hermano, el escritor Julio César Melchior, que recibió un reconocimiento de la Municipalidad de Coronel Suárez, de manos del Lic Ricardo Alejo Móccero y del Delegado Municipal de Pueblo Santa María, Juan Pablo Eberle, por su labor ininterrumpida a lo largo de 30 años dedicados al rescate, revalorización y difusión de la historia y cultura de los alemanes del Volga y por los años dedicados a la literatura.
Labor en la cual me permitió acompañarlo en la promoción y venta de ese trabajo en formato de libros, periódicos y demás producciones literarias, en los tres pueblos alemanes, Coronel Suárez, Huanguelén, Coronel Pringles, Tornquist, ciudad de Buenos Aires y muchos otros.
Juntos formamos un equipo increíble. Siempre trabajando juntos, unidos. Siempre mirando hacía el futuro. Siempre creciendo. Disfrutando de lo que hacemos. Compartiendo. Siendo felices con nuestra tarea.
Por eso, hoy, les quiero agradecer a los que nos acompañaron en este camino, a los que creyeron en nuestro sueño, a los que nos apoyaron, a los que nos alentaron, a los que nos brindaron su afecto, a los que siempre estuvieron.
¡A todos, muchísimas gracias!
María Claudia Melchior

jueves, 14 de septiembre de 2023

La Municipalidad de Coronel Suárez y la Delegación Municipal de Pueblo Santa María distinguieron al escritor Julio César Melchior

Intendente Municipal de Coronel Suárez, Ricardo 
Alejo Móccero, entregando el reconocimiento
al escritor Julio César Melchior
 El escritor fue distinguido por "la huella literaria y el legado cultural en ocasión de sus 30 años de trayectoria" dedicados a rescatar, revalorizar y difundir la historia, cultura, tradiciones y costumbres de los alemanes del Volga. 

La breve reseña que se leyó dice:
Hijo de Toribio Julio Melchior y María Cristina Jacob, Julio César Melchior es oriundo de Pueblo Santa Maria, comunidad en la que forjó su identidad, en la que sus padres y docentes le inculcaron la educación y los valores sociales y culturales, que convergen en toda localidad fundada y habitada por descendientes de alemanes del Volga.
Desde hace exactamente 30 años su profesión es la de escritor y su misión en la vida es la de rescatar, revalorizar y difundir la historia, tradiciones y costumbres de los inmigrantes que un día arribaron al país desde las lejanas riberas del río Volga. 
Escritor de investigación, poeta, ensayista y cuentista, es autor de más de 10 libros, todos reeditados en varias oportunidades, y fundador, editor y escritor de Periódico Cultural Hilando Recuerdos, que se publicó durante 8 años.
Además escribió tres libros en coautoría y participó en cuatro antologías poéticas y de relatos, como asimismo en publicaciones en las que se rescata la historia y cultura de los descendientes de alemanes del Volga, tanto a nivel local, como nacional e internacional. Tan es así, que una de sus obras fue traducida y publicada en inglés recientemente.
Se presentó 5 veces en la Feria Internacional del Libro de Capital Federal, para lanzar sus obras, y otras tantas como conferenciante invitado por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos. Participó del Primer Congreso de los Alemanes del Volga desarrollado en los pueblos alemanes. Disertó en el Encuentro Regional de Alemanes del Volga, organizado por la Dirección de Turismo de la ciudad de Luján,  donde fue declarado Visitante Ilustre. También dictó conferencias y ponencias en distintas entidades culturales de la región y la ciudad de Buenos Aires.
Entre las muchas distinciones y premios que cosechó a lo largo de su carrera,  hay desde primeros premios que obtuvo por sus cuentos y sus poesías y sus trabajos de investigación, hasta reconocimientos de entidades culturales, como el  que le entregó el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos “por su aporte a la literatura bonaerense”.
 La breve reseña que se leyó dice:
Hijo de Toribio Julio Melchior y María Cristina Jacob, Julio César Melchior es oriundo de Pueblo Santa Maria, comunidad en la que forjó su identidad, en la que sus padres y docentes le inculcaron la educación y los valores sociales y culturales, que convergen en toda localidad fundada y habitada por descendientes de alemanes del Volga.
Desde hace exactamente 30 años su profesión es la de escritor y su misión en la vida es la de rescatar, revalorizar y difundir la historia, tradiciones y costumbres de los inmigrantes que un día arribaron al país desde las lejanas riberas del río Volga. 
Escritor de investigación, poeta, ensayista y cuentista, es autor de más de 10 libros, todos reeditados en varias oportunidades, y fundador, editor y escritor de Periódico Cultural Hilando Recuerdos, que se publicó durante 8 años.
Además escribió tres libros en coautoría y participó en cuatro antologías poéticas y de relatos, como asimismo en publicaciones en las que se rescata la historia y cultura de los descendientes de alemanes del Volga, tanto a nivel local, como nacional e internacional. Tan es así, que una de sus obras fue traducida y publicada en inglés recientemente.
Se presentó 5 veces en la Feria Internacional del Libro de Capital Federal, para lanzar sus obras, y otras tantas como conferenciante invitado por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos. Participó del Primer Congreso de los Alemanes del Volga desarrollado en los pueblos alemanes. Disertó en el Encuentro Regional de Alemanes del Volga, organizado por la Dirección de Turismo de la ciudad de Luján,  donde fue declarado Visitante Ilustre. También dictó conferencias y ponencias en distintas entidades culturales de la región y la ciudad de Buenos Aires.
Entre las muchas distinciones y premios que cosechó a lo largo de su carrera,  hay desde primeros premios que obtuvo por sus cuentos y sus poesías y sus trabajos de investigación, hasta reconocimientos de entidades culturales, como el  que le entregó el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos “por su aporte a la literatura bonaerense”.

martes, 5 de septiembre de 2023

Gran torneo de Kosser, un juego que estuvo a punto de extinguirse

Este sábado 9 de febrero en la Plaza del Inmigrante Juan Carlos Roht, situada en pueblo Santa María, a 15 Km de Coronel Suárez, en la provincia de Buenos Aires, se llevará a cabo el torneo de Kosser que se viene realizando en varias oportunidades. En este caso se realiza en el marco de la celebración de Kerb. Allí se mantendrá vigente esta tradición de jugar con huesos de caballo, en parejas, y disfrutando de la amistad.

 Este juego ancestral se rescata en el libro "La infancia de los alemanes del Volga". Un juego que está en la cultura e historia de los alemanes del Volga y sus descendientes. La historia, las tradiciones y la herencia que nos pertenece sobrevive en las páginas del libro bilingüe, único y de gran aporte al legado cultural. No dejen de tenerlo y de legarlo a las generaciones futuras. Lo pueden adquirir por este medio, por WhatsApp 011 2297 7044 o en la plaza el día sábado.

Soy descendiente de padres alemanes del Volga

Soy descendiente de padres alemanes del Volga, hijos nativos de Pueblo Santa María, una localidad donde florecen en los amplios patios jardines, huertas y árboles frutales, donde las personas son amables, honestas y trabajadores, donde la mayoría hablamos un dialecto alemán, dónde decimos Brot en vez de pan y Gutt Morgent en vez de buenos días, donde nos saludamos todos cuando nos cruzamos en la calle y la sonrisa y el buen humor es algo frecuente, como frecuente es el diálogo entre los vecinos, que nos conocemos todos de toda la vida.
Soy descendiente de padres alemanes del Volga, que se enamoraron y se casaron jóvenes, que lucharon trabajando a la par, codo con codo, que de la nada misma, con esfuerzo, sacrificio y coraje levantaron su casa, tuvieron dos hijos, un varon y una nena, y con el correr de los años y de la vida, forjaron transformando sus sueños en tangible realidad, siempre trabajando, siempre poniendo lo mejor de sí mismos en cada cosa que emprendían, predicando con el ejemplo, sin necesidad de recurrir a palabras grandilocuentes, sin sermones ni discursos, sin palizas ni castigos, porque tenían palabra, porque lo que decían lo hacían, porque eran seres humanos de bien, justos, honestos y laburantes. Sus manos olían a tierra fresca y a pan casero, tenían callos y cicatrices, es verdad, pero cuánta ternura y cuánto amor había en ellas. Ningún oro del mundo alcanzaría para pagar una sola caricia de sus manos trémulas y cálidas, esas manos que cuidaban, curaban, protegían y llenaban nuestros cuerpos de risas en las noches de tormenta.
Soy descendiente de padres alemanes del Volga, que dieron hasta lo imposible para que nosotros, sus dos hijos, pudiéramos ir a la escuela, algo que ellos no pudieron hacer, y tuviéramos una buena educación escolar y una buena formación para la vida, para que todo nos fuera más sencillo que a ellos, que la tuvieron que pelear y luchar tanto, quizás demasiado. Porque la existencia, su existencia, estuvo llena de sacrificios para darnos lo mejor. Y lo mejor para ellos no era lo material, sino el ejemplo, la honestidad, el trabajo, el esfuerzo y la dedicación puesta al servicio de lograr no solamente los sueños propios sino también los del prójimo. Por eso, todos nosotros, hijos descendientes de alemanes del Volga, tenemos un compromiso no solamente con nosotros mismos y la vida sino también con nuestros padres. Nuestros padres que no solamente nos dieron la vida sino que también nos dieron una historia y una cultura, una herencia colmada de pergaminos que nosotros tenemos que rescatar, conservar y difundir con el ejemplo y legar a nuestros descendientes. Por ellos, por nosotros y por nuestro futuro como pueblo y como descendientes de alemanes del Volga.