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jueves, 31 de marzo de 2011

Mi abuelo se marchó para siempre y para siempre es demasiado tiempo

Para siempre es demasiado lejano. Para siempre es demasiado eterno. Y quería haberlo tenido para despedirme de él, para decirle que a pesar de su carácter difícil, lo quería mucho, pero como siempre lo hizo, se fue sin avisar y nos dejó solos y sin saber por qué. No fui a su última despedida, a darle el adiós definitivo; pero aunque hubiese ido no lo hubiese querido ver. Prefiero mantenerlo en mi mente con tu semblante risueño, su expresión alegre, su mirada lejana y pensativa. O en casa conversando mientras la abuela hacía la comida; o en su coche, que tanto quería, camino de Coronel Suárez para cobrar su jubilación. Cuando pienso en él, es gracioso pero siempre lo imagino en nuestro querido pueblo, o conmigo cuando yo era pequeño y me llevaba a pasear, me daba todo lo que yo quería, todo, y a veces me llevaba a la tienda de los Steimbach, y me decía: -Elegí lo que querés. Lo pasamos bien en el pueblo, ahora ¿sabes, abuelo?, ya no hay casa, ni huerta, aunque vos probablemente podrás estar allá sin hacer ruido, sin que nadie te vea, en tu antiguo cuarto y en tu huerta, porque la huerta siempre será tuya. Y ahora ya hace dos años que te fuiste, en aquel 17 de agosto... Un día me dijiste que querías llegar a los 93 años, porque tu padre se fue de tu lado con 39, no lo has conseguido pero no importa ¿verdad?, ahora ya estás con él. Adiós abuelo, siempre te querré muchísimo. Me tortura pensar que no pude despedirme de ti, y que llevaba algunos meses sin hablar contigo, y que cada día que pasaba decía: mañana sin falta voy a verlo, pero al final no lo hacía, y así hasta que llegó el día en que mi hermano me dijo por teléfono que te habías muerto... Espero que desde algún rincón del cielo me oigas. Gracias porque fuiste un gran abuelo para mi, y porque sé que me querías mucho. Adiós para siempre.

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