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sábado, 13 de agosto de 2011

Alejandro Streitenberger Maier, un hombre que marcó el camino



Por Pablo Dornes


100 años de su nacimiento


Alejandro Streitenberger Maier supo ser fuente de consulta de innumerables personas y escritores, siendo hoy una cita inevitable en todo libro de historia de los alemanes del Volga. Músico, inventor, historiador y filántropo fue un gran hombre que marcó el camino. Quién no recuerda la Isla Catalina en el Arroyo Sauce Corto con sus canteros, puente y balnearios construidos para el disfrute de todos. Don Alejandro como lo conocían se fue, pero sólo físicamente, sin embargo su obra y su pasión perdurarán.

Alejandro Streitenberger Maier nació en la colonia tercera, Santa María, el 18 de agosto de 1911 en la casa que había sido de su abuelo, Juan Streitenberger. Era el noveno hijo de José Streitenberger Gisler y Catalina Maier Reppin, quienes llegarían a tener 16 hijos en total, aunque desafortunadamente muchos de ellos morirían a los pocos días de nacidos.
La niñez de Alejandro transcurrió entre su casa en la calle ancha, hoy Avenida 11 de Mayo, y el campo debido a la emprendedora actividad agropecuaria de su padre. Alejandro, solía acompañar a su padre a las inmediaciones de la estación Pontau, partido de Coronel Pringles, donde su padre fue el principal promotor para que muchas familias de Santa María arrendaran campo en esa zona. Seguramente, el observar los constantes cambios en la mecanización de la actividad agropecuaria que en esa época se gestaban como la transición desde los equipos a vapor a los tradicionales motores a combustión, fue para él una fuente de inspiración como inventor.
Comenzó el colegio en la Escuela Parroquial de Santa María en 1917, contaba que iba atemorizado unos 500 metros detrás de su madre que llevaba la pequeña pizarra como único elemento escolar. Ese año enfermó de tifus, por entonces grave enfermedad, salvándose, por lo menos en parte, gracias a los consejos del cura de la colonia quien sugirió que le cambiasen dos veces por día las sábanas y que le controlasen la fiebre con paños húmedos. Cursados los tres y únicos primeros grados en la colonia, en 1926, cursó cuarto grado en el colegio Don Bosco de Bahía Blanca. Luego, en 1927 y 1928 cursó quinto y sexto grado en La Plata en el colegio Sagrado Corazón y en 1929 cursó primer año secundario comercial. Además, estudió música.
Se casó en noviembre de 1932 con Catalina Schroh Lambrecht, quien fuera su compañera por casi 60 años, hasta el fallecimiento de ella en agosto de 1991. Seis hijos, 10 nietos y 12 bisnietos fue la familia que supo formar.
Siempre fue de espíritu inquieto, en 1937 edificó su casa en el campo con su clásico sello. Amante de los colores y de los adornos de diseños exclusivos, construyó un alambrado perimetral circular alrededor de la casa. En ese campo, fue donde desarrolló su faceta inventiva. Modificaciones a cosechadoras, fabricación de al menos cuatro autos y una cosechadora están entre sus principales obras. Recordaba Alejandro, que para la construcción de la cosechadora comenzó poniendo 4 tacos de madera en el suelo. Además diseñó y ayudó en la construcción de las ventanas de la nueva iglesia de Pueblo Santa María en 1954. Posteriormente, en 1977, erigió el monolito con la cruz de la torre de la primera iglesia al sur de la colonia.
Alegre y extrovertido fueron las facetas de su personalidad que le permitieron, al finalizar su etapa de productor agropecuario, comenzar con la recopilación histórica de las familias de alemanes del Volga. Dicha inquietud había comenzado ya en su juventud cuando solía charlar con los emigrantes de Rusia y luego fundadores de las colonias acerca de sus vidas en Rusia. De esta Manera se nutrió y generó ese fantástico mapa mental donde podía ubicar genealógicamente y geográficamente con respecto a la aldea de origen en Rusia, a prácticamente todas las familias de la colonia. Horas charlando con mucha gente, visitando iglesias y cementerios para recabar información hicieron posible que se transformara en el principal historiador autodidacta de los alemanes del Volga. En 1987 con motivo de celebrarse el centenario de Pueblo Santa María, publicó su libro Centenario del Pueblo Santa María de Coronel Suárez, donde sintetizó la emigración de los colonos desde Alemania, el posterior asentamiento en Rusia y la colonización en Argentina, poniendo énfasis en el marco histórico que motivó dicha inmigración, en los nombres de las familias fundadoras, en los principales eventos sociales y culturales y resaltando fundamentalmente las anécdotas de los orígenes. Además diseñó y ayudó en la construcción de dos monumentos que conmemoran el centenario, ubicados en la Avda. 11 de Mayo donde se resalta el amor y compromiso de los alemanes del Volga con las tareas agropecuarias, y el portal de bienvenida del acceso de la colonia en inmediaciones de la gruta.
Paralelamente, comenzó en 1977 con la construcción de maquetas que reflejan los orígenes de la actividad agrícola, prolífica tarea que felizmente nunca acabaría. De esta manera, equipos de trilla estáticos accionados por un motor, carros, casillas, trenes, norias y molinos para la extracción de agua, cosechadoras, etc. etc. etc., se fueron adicionando a su colección e hicieron de su garaje un verdadero museo donde compartían el espacio con invalorables antigüedades que supo recopilar a lo largo de su vida. Dicha muestra de maquetas fue notoriamente reconocida por varias instituciones como la Junta Nacional de Granos y recorrió parte del país exhibiéndose en eventos culturales, cooperativas y exposiciones agrícolo-ganaderas como la de Palermo. Dicho museo se cumplimento con la construcción de una réplica tamaño real de la primera cosechadora de arrastre, la australiana y la recopilación y restauración de varias máquinas agrícolas que gracias a él escaparon del olvido.
Alejandro supo ser fuente de consulta de innumerables personas y escritores, siendo hoy una cita inevitable en todo libro de historia de los alemanes del Volga. Músico, inventor, historiador y filántropo fue un gran hombre que marcó el camino. Quién no recuerda la Isla Catalina en el Arroyo Sauce Corto con sus canteros, puente balnearios construidos para el disfrute de todos.
Personalmente, tuve la satisfacción de acompañarlo en innumerables salidas, visitando gente, estancias, cementerios y chacharitas. Siempre alegre, amenizando las reuniones familiares tocando con su piano electrónico y contando innumerables anécdotas cómicas de los orígenes de las colonias, estallando de la risa y reuniendo a todos a su alrededor.
Don Alejandro como lo conocían se fue, pero sólo físicamente, sin embargo su obra y su pasión perdurarán.












Fotografías:
1:Don Alejandro, además de inventor, historiador y filántropo, fue un excelente músico. En la imagen interpretando un tema en su piano electrónico.

2:Don Alejandro Streitenberger Maier y su amada esposa Catalina Schroh Lambrecht

3:Celebración de los 90 años de Don Alejandro, junto a sus hijos: Jorge, Rosa, Alejandro (h), Catalina y Juana. Acompañado de su bisnieta Paula.

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