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miércoles, 25 de abril de 2012

Eran otros tiempos los tiempos de la niñez


El aroma atiza, los antiguos pupitres de madera, y todo un universo de reminiscencias poblando las aulas de la Escuela. La presencia de las Hermanas, tiernas y dulces. El libro de lectura. De catecismo. La Biblia. Las lecciones. La aritmética.; la gramática; el lenguaje... Los recreos jugando a la payana o a decenas de divertimentos que el tiempo se llevó y solamente perduran en el ayer de algún recuerdo. Los grupos de amigos tramando travesuras. Y una inocencia increíble. Niñas y niños que creían en la pureza de la vida, en los ángeles, en las hadas, en los reyes magos, y en un mundo de fantasía que la misma existencia se encargó en trocar en cruda realidad.
Eran otros tiempos, otro estilo de vida, más simple, más sencillo, quizás más feliz,  porque se compartía lo que se tenía, porque los sueños se podían realizar, porque nada parecía imposible y porque en la niñez no existen los “no se puede”.