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lunes, 24 de junio de 2013

Nuestro amor

“Nuestro amor no le importó
 a la muerte ni al destino”.
La quise y ella me quiso. La amé y ella me amó. Hasta el final. Hasta el último momento. Hasta el último beso. Hasta el último adiós. Ella en la cama, muriendo, y yo sentado a su lado viéndola morir.
Nuestras manos quedaron enlazadas hasta el instante del último suspiro. La de ella, cada vez más fría, dura, inútil. La mía, caliente, viva; pero, sin ella, igual de fría, dura e inútil.
Nuestro amor no le importó a la muerte ni al destino. No tuvieron piedad. Lo destrozaron con una enfermedad terminal que  a ella la enterró bajo una tumba de mármol y a mí me dejó arrojado sobre ella, llorando desconsolado.
Desde entonces no hubo ni después ni mañana. Ni aceptación. Solamente llanto y dolor y más dolor.

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