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sábado, 1 de junio de 2013

Una nota con Manuel Ángel Valea sobre las tradiciones en nuestras colonias

Recuerdos de la niñez de antes, del concepto de familia, de la conciencia de trabajo y dignidad por sobre todas las cosas.

Manuel Valea nació en Pueblo San José. Aunque su apellido es bien gallego su abuelo se instaló con un almacén de ramos generales en la segunda Colonia Alemana. 
En aquellos años las calles eran de tierra, el trabajo de todos era diario, las tradiciones estaban bien presentes y el respeto de los más chicos hacia los adultos no se discutía.
Sentado en el living de la casa paterna, en la misma vivienda donde en una de cuyas habitaciones nació, en los años en que la partera, Antonia Querejeta de Pisano en su caso, concurría a los domicilios para atender los partos, recuerda los años de su niñez.
“Nos hacíamos las hondas no de hierro sino que buscábamos una buena horqueta de los árboles (rama en forma de v), le pedíamos un pedazo de goma al gomero del barrio y al zapatero un pedazo de cuero. De la misma manera en forma creativa nos fabricábamos caballitos con los huesos de los caballos y autos con los cajones de dulce de membrillo, a los que les hacíamos ruedas de troncos. Y no éramos ningunos mansos: como han pasados los años y ya estoy lejos de la posibilidad de alguna penitencia lo puedo contar. No usábamos piedras para tirar con la honda, usábamos una especie de balín que venían como parte del seguro en los tambores de combustible y que el abuelo Manuel descartaba a medida que iba utilizando”, contó “Nene” Valea.
Luego nos explicó que “debimos haber roto más de una vez algún vidrio que nos valía por supuesto una penitencia severa en casa. La más leve era quedarse sin jugar por unos cuántos días; pero había otras, quedarnos sin postre un mes por ejemplo, y por supuesto que debíamos permanecer en la mesa hasta que nos daban autorización para levantarnos, aunque se estuviera sirviendo el postre preferido nuestro que no podíamos disfrutar por el castigo”.
En la segunda parte de la nota, Manuel Valea habla de la admiración que siente por este pueblo trabajador. 
Indica que “no me corresponden las generales de la ley, lo veo desde afuera, porque soy un gallego implantado en las Colonias y en San José, que siento como mi pueblo. No en vano cuando Nicolás Avellaneda, el Presidente más joven que tuvo nuestro país, con una extraordinaria visión de futuro, envió a las colonias alemanas que estaban a orillas del Río Volga a un emisario para invitarlos a venir a trabajar la tierra sabía que estaba convocando a gente muy laboriosa. Habían hecho de un desierto en Rusia un verdadero vergel” señaló con un tono casi nostálgico.
Manuel concluyó afirmando que “yo estoy convencido en el empuje y la convicción para conseguir lo que uno se propone, lo que hace a la pujanza del Distrito lo hemos conseguido con el espíritu que impregnaron las Colonias Alemanas, por eso nuestro Partido se puede ver más floreciente que otros pueblos de la zona. Esto es producto de lo que nos enseñaron los alemanes del Volga”.

2 comentarios:

  1. Leyendo ésta historia me lleno de esperanza para que las generaciones venideras puedasn volver a vivir con éstos valores dentro de una sociedad menos materialista y mas respetuosa. Donde se trabaje en conjunto y no mirando sólamente lo de cada uno en particular.

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  2. Brillante tu reflexión, Mariposa! Coincido plenamente contigo; pero, debo reconocer que, cada día que pasa, estamos más lejos de ese mundo ideal. Ese mundo dónde tenga más trascendencia el SER que el TENER. Abrazo grande y gracias por visitar mi blog, leer y tomarte el tiempo de escribir tu opinión!!!

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