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miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Padre Daniel Melchior conmemoró sus 63 años de vida sacerdotal


Santa misa en acción de gracias en la Parroquia y agasajo de toda la comunidad parroquial. “Recuerdo el momento de mi ordenación como un eterno presente. No necesito fotografías ni nada para recordar cada detalle”

Tiene 88 años, la voz más clara que hace unos años atrás y la misma convicción de siempre en la transmisión de la fe.
El martes celebró 63 años de su ordenación sacerdotal, la que logró a una edad muy joven, con apenas 25 años.
“Todavía me acuerdo que Monseñor Esorto, en la Iglesia Parroquial de Pueblo San José, me ordenó sacerdote. Hoy estoy actualizando todo ese momento hermoso, de cuando me buscaron en la casa paterna. Vino el cura y todo el pueblo a buscarme –a pesar de ser un día de semana- y en la casa de mis padres habían puesto los arcos de triunfo hechos de flores y ramos de olivo que se acostumbraban en aquel tiempo. Fuimos en procesión a la Iglesia de San José, donde nos esperaba el Obispo para ordenarme sacerdote”.
Por supuesto que se acuerda como se sentía ese día: “ante todo una gran alegría, no se puede describir, al ver mi familia todos contentos alrededor mío. Y en segundo lugar, la respuesta que dio el Pueblo San José a esa ordenación. Eso me estoy acordando todo porque la gente vino en procesión a mi casa, que distaba de la Iglesia como dos cuadras grandes y me acompañó al templo y durante toda la ceremonia. ¡Eso no lo puedo olvidar más! Y lo estoy viviendo en estos días en un eterno presente”.
Recuerda –y lo tiene guardado en un cuadro- el momento en que su mamá ató sus manos puestas en posición de oración con unas cintas, símbolo de su atadura para siempre con Dios y con su Iglesia, luego que el Obispo le ungiera las manos con aceite: “ese momento para mí fue una emoción grandísima”.
Recuerda épocas difíciles. Joven, como era al momento de empezar a ejercer el magisterio de la Iglesia, dice hoy, a la vuelta de los años, que “en la fe no tuve problemas, gracias a Dios, en mi sacerdocio tampoco tuve problema, pero sí tuve grandes dificultades en algunas parroquias porque me perseguían de día y de noche quienes buscaban en mí al hombre; pero gracias a Dios y a la Virgen me pude mantener en pie”.
Dice “yo me ordené de cura para siempre y hoy sigo firme en mi puesto, gracias a Dios que me fue ayudando para cumplir mi misión sacerdotal”.
Habló también de momentos de dolor que le tocó vivir. Cuando falleció su hermano Vicente, siendo sacerdote de Coronel Pringles, hasta el día de hoy recordado y extrañado por aquella comunidad. “Me acuerdo cuando lo despedí”, dijo el Padre Daniel a la Radio, y agregó: “después de la ceremonia litúrgica, cuando con el ataúd abierto, me acerqué, tomé las manos de mi hermano y le dije ´Bueno, che hermano, hasta el cielo!´. Ese fue un momento fuerte. También lo fue cuando murió mi mamá, que falleció de repente y cuando mi padre estaba ya muy mal, en cama, yo lo cuidaba; y el día anterior a que falleciera le propuse, por primera vez, confesarlo, cosa que aceptó”. 
Dice por propia vivencia y por plena convicción que frente al dolor “la única solución es la fe. El que no se apoya en Dios no encuentra explicación a ese fenómeno tan raro y misterioso que pasa todos los días”.
El Padre Daniel es un hombre bueno, un santo sacerdote que al día de hoy, con sus 88 años, sigue manifestando a quien quiera escucharlo su alegría por creer en Dios y en trabajar por su casa. 
Lo sigue haciendo. Cada mañana, a las 10 hs., en una reacondicionada Capilla del Hogar de Ancianos celebra misa para los abuelos que quieran ir. 
El martes celebró el 63º aniversario de haber sido ordenado sacerdote con una misa en acción de gracias en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la compañía del Párroco Diego Kessler, los sacerdotes Antonio, Agustín y Leandro en una ceremonia que fue muy cálida y en la que estuvo acompañado de todos quienes lo quieren mucho en nuestra ciudad.
En su mensaje el padre Daniel valoro la presencia de tanta gente, la actuación del Coro Parroquial y tras celebrarse la Eucaristía fue recibiendo personalmente el saludo de los fieles.

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