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viernes, 27 de diciembre de 2013

Una cultura que se pierde en el olvido…

Por Cintia Vazquez

Fue hacia fines del 1.800, más precisamente en el año 1.887, cuando un grupo de familias colonizadoras provenientes del Volga, arribaron a Coronel Suárez con tres objetivos primordiales: conservar su religión, mantener el idioma original y preservar el sistema de vida en colonias, para la mutua defensa y recíproca ayuda.

Hoy, a 126 años de su llegada, se puede observar sin dificultad que sus tres grandes principios se encuentran completamente alterados en Pueblo Santa Trinidad y Pueblo San José; y, no con tanto énfasis, en Pueblo Santa María.
En lo que respecta a conservar siempre su religión, el catolicismo se sigue manteniendo, pero ya no se pueden ver a sus fieles orando con fervor en las iglesias con tanta frecuencia como se realizaba antiguamente. Los días en que se celebra la misa, los templos se encuentran semivacíos, a excepción de festividades especiales como pueden ser la Pascua o la Navidad; ya no se reza el tradicional “Ángelus” en diferentes momentos del día, lo cual implicaba una interrupción inmediata de las actividades que se estaban realizando cuando se oían sonar las campanas de la iglesia. Tampoco se llevan a cabo las típicas procesiones al cementerio en fechas en las que existe alguna conmemoración religiosa o simplemente cuando alguien fallece (en principio estas procesiones se realizaban a pie, con banderas de luto y agua bendita, luego de una celebración religiosa en el templo a donde se llevaba al difunto). Tampoco puede oírse el sonido de las campanas anunciando este suceso, lo cual sí ocurre todavía en Pueblo Santa María.
Otro hecho que hace percibir que este principio fundamental se ha ido alterando con el correr de los años es la falta de respeto que tiene la comunidad local aún hasta con los edificios parroquiales; ejemplo de esto son los nombres que se encuentran escritos por los jóvenes en los muros del frente de la Iglesia San José Obrero, en Pueblo San José.
Por otra parte, y con respecto al objetivo de mantener el idioma original, el dialecto de los alemanes del Volga, lamentablemente se está yendo con las personas mayores, ya que no son muchos los jóvenes que conocen el idioma y no existe interés por practicarlo y mantenerlo.
La necesidad de preservar el sistema de vida en colonias se encuentra en extinción debido a la gran cantidad de planes de viviendas que se han ido implementando en los últimos años; Pueblo Santa Trinidad ya se encuentra conectado a Coronel Suárez por la gran cantidad de barrios que se han construido en un camino vecinal, paralelo a la gran Avenida Alemanes del Volga. Pueblo San José también ha alcanzado un alto grado de desarrollo en materia de construcciones, y con esto no se quiere decir que se está en contra del progreso, sino a favor de la preservación del patrimonio urbano.
Ante esto existirían dos posibles soluciones: se podrían construir estos barrios en las proximidades a la ciudad de Coronel Suárez, ya que es el centro de servicios y al cual acuden los pobladores por motivos laborales, de salud, administrativos, etc., o bien, continuar con la implementación de los planes de viviendas, pero respetando un lineamiento acorde a la arquitectura del lugar.
Con la desaparición de los elementos típicos de los pueblos, ya sean su religiosidad, idioma, patrimonio arquitectónico, música o gastronomía, se va perdiendo la identidad del lugar, todo aquello que los alemanes trajeron consigo con el fin de preservar; esos primeros pobladores, a quienes se les deben todas y cada una de las cosas con las que hoy en día cuentan las tres colonias alemanas, fueron quienes confiando en la idea de progreso, trabajaron con esmero para lograrlo.
Con respecto a la arquitectura del lugar, en Pueblo Santa Trinidad ya casi no existen las típicas casonas que con mucho esfuerzo se construyeron; en Pueblo San José, se han ido desmoronando, derrumbando para construir viviendas que desentonan con el pueblo o simplemente para que el terreno quede vacío y, por suerte, Pueblo Santa María (quizás por su lejanía a Coronel Suárez y por la fuerte cohesión de sus pobladores) es la comunidad en la que más se encuentran elementos típicos alemanes, desde la arquitectura, hasta el idioma y la preservación de las costumbres típicas.
No existe una toma de conciencia acerca de lo que significan estos elementos para la comunidad; si se continúa a este ritmo, lamentablemente, dentro de unos años los tres pueblos que fundaron familias provenientes del Volga no serán más que tres comunidades similares a otras. Ya no se contará más con “eso” que marca la diferencia, que le brinda un detalle especial, que llama la atención y por lo cual, muy a menudo, reciben visitantes deseosos de conocerlos por su patrimonio histórico-cultural.
Por otra parte, Pueblo Santa María tiene el beneficio de haber sido incluido en el Programa Pueblos Turísticos de la Provincia de Buenos Aires, por lo cual cuenta con promoción turística desde el nivel provincial y, aquel que se acerque a conocerlo, también aprovechará a pasear y visitar el conjunto de los pueblos alemanes. Pero no basta con quedarse con esta suposición, ya que desde el plano local también se debe invertir en el sector turismo. Y si bien se está trabajando en eso, aún no cuenta con el impulso que necesita. No existe una iniciativa de participar en congresos en donde existen ferias para establecer contactos o promocionar el destino, entre otras acciones, y para ello es necesario contar con presupuesto.
A modo de ejemplo, actualmente Pueblo San José cuenta con un buen soporte de equipamiento, ya que posee un amplio y cómodo hotel, un restaurante con gastronomía típica, un bar nocturno y espacios de recreación, pero no existe necesidad de aclarar que mucho de todo esto está destinado pura y exclusivamente a aquellos turistas que deseen arribar al lugar con el objetivo de conocer los pueblos alemanes y sus tradicionales costumbres; si todo esto desaparece, fue en vano todo el desarrollo de equipamiento que se llevó a cabo.
Aún se puede trabajar para recuperar aquello que se perdió y por mantener lo que está en vías de extinción, siempre y cuando se logre una toma de conciencia y la unión de la comunidad local.
¡Todavía estamos a tiempo!

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