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viernes, 30 de mayo de 2014

Eterna compañía de mi madre, el libro de misa

Por María Rosa Silva
 

Eterna compañía de mi madre. Único refugio donde calmaba sus angustias y las entregaba a Dios. Así transcurrían sus días, su vida. Rogando, suplicando. Por ella, por nosotros, por su esposo, que siempre estaba lejos del hogar. Prácticamente crecimos sin conocer a nuestro padre. Y mamá rogando que vuelva, sano, con el dinero que tanta falta hacía en casa. Casa que cobijaba hijos que se iban muy pronto: al cielo, a trabajar, a emprender cada uno su viaje. Y mamá rezaba, con su libro de misa, por todos nosotros. Por nietos que tenía que criar pues sus hijas los tuvieron de soltera. Los ruegos eran permanentes así como las angustias. Mamá rezaba, clamaba al cielo. Y su único paseo era ir todos los días a misa, con su libro. Su eterno y fiel confidente. El único que conocía lo que encerraba su alma. Y así murió, con el libro de misa entre sus manos. 

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