T

T

jueves, 27 de noviembre de 2014

El cantar del abuelo alemán del Volga

Las calles eran de tierra: polvo en verano y barro en invierno.
Las casas de adobe: frescas en el estío y cálidas durante las noches frías.
Las gentes eran buenas: honestas en el trabajo y solidarias en el pan.
Las manos vacías de riquezas pero llenas de generosidad.

Los campos eran amarillos: mar de trigales en la vastedad pampeana.
Daban granos por doquiera: semillas que se trocaban en harina.
Harina que se hacía pan.
Pan que se volvía hostia.
Hostia que se transformaba en el cuerpo de Cristo.

Por Julio César Melchior

No hay comentarios:

Publicar un comentario