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sábado, 25 de abril de 2015

Recuerdo de mi niñez en un pueblo alemán del Volga

Una cocina leña, una pava grande, una cacerola, bosta de vaca alimentando el fuego, el amor de madre y su voz arrullando las horas con su Tros-Tros-Trillie.
Una ventana pequeña. Una cortina blanca. Un cielo azul como los ojos de papá. Un sol de amanecer iluminando las almas. Y el amor de mi padre ordeñando las vacas.
Recuerdos de mi niñez que surgen en esta hora postrera, anciano ya, en que miro atrás, buscando el cariño y las vivencias que el tiempo dejó en el pasado.
Nada volvió a ser igual, ni lo será. Mis nietos no hablan el idioma. Tampoco saben nada de aquello. ¡Qué triste futuro espera a quienes olvidan sus raíces!

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