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jueves, 11 de junio de 2015

La abuela está feliz

La abuela está feliz. Llegaron a visitarla los nietos iluminando cada rinconcito de su alma y de su humilde casita de adobe, llena de muebles antiguos e invadida por la humidad y el olor a rancio, donde pasa horas solitarias tejiendo interminables guantes, medias, y rezando infinitos padrenuestros y avemarías.
La abuela está feliz. Está calentando grasa vacuna en la sartén sobre la cocina a leña mientras, parada frente a la mesa, corta rectangulares Kreppel de una masa que acaba de preparar.
Y los niños preguntan:
-¿Qué estás haciendo, abuela?
-¡Kreppel! –responde la abuela sonriendo.
Y comienza a freír los Kreppel. Luego los saca de la sartén y todavía calentitos, los espolvorea con abundante azúcar, para colocarlos en una fuente grande.
Finalmente ubica la fuente sobre el centro de la mesa, al alcance de los nietos que empiezan a comerlos, dibujando sonrisas de azúcar alrededor de sus bocas.
La abuela los mira y sonríe contenta. La abuela está feliz.

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