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sábado, 29 de agosto de 2015

Ellos confiaron en sí mismos (por eso nuestros abuelos lograron concretar todos sus sueños)

Nada es fácil. Absolutamente nada. Todo requiere esfuerzo y trabajo. Desarrollar cualquier labor significa dar libertad a los sueños y creatividad a la voluntad. Sembrar; abrir el alma y entregar el corazón; caminar siguiendo el sendero que el destino nos señala; son objetivos que todos debemos cumplir para sentirnos realizados como personas. Nada sucede porque sí ni nada acontece sin tener un plan. Los hechos, las circunstancias, los encuentros, nunca son casuales como tampoco es casual ningún suceso que nos ocurre a lo largo de la vida. Todo tiene su razón de ser. Y nosotros debemos dejarnos llevar por ese mar de acontecimientos insondables que nos conducirán hacia nuestra meta.
Los abuelos lo sabían. Lo sabían y comprendían profundamente. Por eso llamaron a su destino Dios y entregaron en sus manos su porvenir. Confiaron plenamente en Él. Dejaron que Él proveyera. Acataron el devenir cotidiano que, a veces, parecía no tener sentido en el presente, pero que en el futuro sí lo tuvo. Aprendieron a esperar sin desesperar. Confiaron. Se entregaron a la fe, a la conciencia plena de creer en un ser superior. Y Él nunca los defraudó. Aun en la hora más difícil, aun en el instante más crucial, Él estuvo a su lado, ayudándoles a decidir, dándoles fuerza para continuar el camino y llegar a la tierra prometida.
Fue así como pudieron dejar Alemania primero; el Volga después; y afincarse definitivamente en la Argentina. Porque creyeron en Dios, confiaron en Dios y porque Dios los hizo creer en sí mismos y confiar en sí mismos. De ese modo fue como consiguieron llegar donde nunca nadie llegó: confiando siempre confiando, en Dios y en sí mismos.

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