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jueves, 22 de octubre de 2015

Catarsis

En este atardecer gris de otoño, sentado aquí, bajo la luz mortecina de la lámpara a kerosén, en mi cuarto de soltero, frente a la ventana, donde el cielo llueve sus lágrimas de nostalgia en gotas de melancolía sobre el cristal que no veo, porque miro hacia la distancia, hacia el pasado, donde mis años de niñez se confunden con el olvido y mi solitario presente con mi lejano ayer en familia…
Veo a mi madre, frente a la mesa grande de la cocina, amasando los tallarines del domingo; huelo el aroma a tuco que hay en el ambiente: cebolla rehogada, ajo, perejil, orégano, tomates… La radio con sus tangos, sus milongas y sus pasodobles. Una pava que hierve. Y mamá cantando.
Veo a mi padre, el zapatero, trabajando con la lezna, reparando una suela; y el aroma a cuero crudo me acosa, a la par que siento las manos rugosas de papá acariciando mi mejilla, en sus años viejos, cuando se iba yendo de a poco y él sabía que se iba para no volver.
Y en este atardecer gris de otoño, triste el alma, vacía mi vida, se me dio por escribir estas líneas, por recordar a mis padres, por llorar mi niñez, para no matarme.

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