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domingo, 25 de octubre de 2015

Dramática noche de bodas de una abuela alemana del Volga

“Yo no supe cómo nacían los niños hasta que tuve mi primer hijo -revela sin pudor y con total sinceridad, María Schoenfeld. Tampoco supe cómo se hacían los hijos hasta la primera noche de mi boda”.
Después del casamiento por iglesia y de la fiesta, que se prolongó hasta la madrugada, mi marido me llevó a la habitación y me pidió que me quitara la ropa mientras él se desvestía. Yo me opuse. Sentí mucha vergüenza. Él me dijo que ahora era mi marido y que tenía que obedecerle. Me opuse. Pero se enojó y me gritó. Me gritó fuerte. Yo le dije “no grites que nos van a escuchar tus padres”. “Que me importa -“me contestó. Vos sos mi mujer”. Así que tuve que sacarme el vestido y acostarme. Él se metió en la cama y se colocó arriba de mí, con fuerza. Me apretó los brazos. Me dolía todo. Sentí miedo. Dolor. Un tremendo dolor entre las piernas. No sabía lo que estaba pasando. Empecé a llorar. Pero él no paraba. Siguió y siguió y siguió. Hasta que se cansó. Y se quedó dormido. Yo lloré durante varias horas. No sabía qué hacer. Me sentí mal. Descompuesta. “Dios me va a castigar” -pensé.
“Con el tiempo me acostumbré. El sacerdote, cuando me confesé, me tranquilizó, me dijo que era obligación de la mujer obedecer al marido y que todo lo que él me pedía estaba bien para mí”.

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