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sábado, 3 de diciembre de 2016

La casa de mis abuelos está sola

La casa está tapiada. Las puertas y las ventanas clausuradas con tablones. La galería llena de hojas. Las paredes marchitas de tiempo y gastadas de tanto olvido. Reina un silencio de sepulcro. Las flores del jardín están marchitas, sin hojas ni pétalos de colores. La bomba de agua es una garganta de hierro oxidado muriendo de sed. Veo el paso de los años en cada rincón del lugar. Mis abuelos ya no están. ¿Y los hijos? Tampoco. Los hijos se fueron. Se marcharon buscando lejos lo que no supieron o no pudieron encontrar en su lugar de origen.

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