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domingo, 26 de marzo de 2017

Homenaje a las abuelas de los alemanes del Volga

Cada casa antigua está llena de detalles que nos hacen ver la presencia de la abuela, con su vestido negro, su delantal gris y su manera jovial y alegre de caminar y estar al servicio de toda la familia. La vemos viejecita, con su rostro lleno de arrugas, sus ojos celestes irradiando ternura, parada frente a la cocina a leña friendo Kreppel. O arropando a un nieto recién nacido. O contando historias de aldeas lejanas y de un río llamado Volga. Siempre presente. Siempre con un consejo. Una persona que legó pergaminos de sabiduría en actos y palabras cotidianas y simples pero profundas e inteligentes. Que nos llenó el alma de voces alemanas, de canciones que aún resuenan en nuestros oídos, abrigando noches de nostalgia, amparando atardeceres de soledad.
Abuela construyó un monumento de sí misma. Fue un ser inmenso, con un corazón grande y un espíritu inquebrantable. Nada la pudo doblegar. Nada la pudo vencer. Era capaz de hacer cualquier tipo de trabajo y de resolver cualquier clase de problemas. Aún hablando solamente en alemán. Ella siempre salía adelante. Nada la detenía. Ni aquí en las colonias, ni allá en Coronel Suárez. El idioma no importaba. Valían los gestos, las actitudes, las acciones, la fe en sí misma.
Todos la recordamos. Todos la tenemos presente. Y en ella conservamos la memoria de todas las abuelas alemanas del Volga.

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