
Su existencia cotidiana se desarrolla en el pasado. Conversa con los muertos que se velaron en la casa. Esta huérfana de hijos, marido y parientes, que la observan desde los retratos que cuelgan de la pared con sus ojos vacíos. Y la aguardan en la eternidad, en el cielo de Dios.
De día está sola la mayor parte del tiempo, como ahora, en este instante del atardecer. La mujer que la cuida y la acompaña por las noches, tiene otras prioridades. Es joven. A ella no la esperan los muertos, como a la anciana. Todavía está mas cerca de los vivos.
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