
Había hogares en los que había
dos, uno en la cocina y otro en la habitación, del lado de la cama en la que se
acostaba el dueño de casa, y otro en la cocina, sobre
algún mueble, que compartía toda la familia.
En
otros hogares solamente había uno, que de día estaba en la cocina y de noche,
en la pieza, pasando a cumplir la tarea de reloj despertador. Durante el día
prestaba servicios a la ama de casa, que lo usaba para controlar los horarios
de la rutina familiar, las comidas, desayunos, cenas y almuerzos y otros
menesteres culinarios.
Y
finalmente, también había casas de familia, en donde no existía ninguno. Porque
este tipo de reloj despertador era un bien caro y, por lo tanto, preciado. Hubo
épocas en las que era casi imposible que una familia pudiera pensar en tener
aunque más no sea uno. Tal vez, unos pocos, tuvieran la suerte de poder
adquirir uno usado.
Los
que no tenían reloj, porque no podían adquirirlo, y tampoco poseían el clásico
y tradicional reloj de pared, que era considerado una importante herencia
familiar, se guiaban con el toque de campanas de la torre de la iglesia, como
en los viejos tiempos.
Nuestros abuelos atesoran miles de recuerdos que tienen como protagonistas centrales a estos antiguos relojes despertadores. Todo un símbolo de una época que en la actualidad forma parte de nuestra historia, al igual que todos los momentos extraordinarios que rescato en mi libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga".
Nuestros abuelos atesoran miles de recuerdos que tienen como protagonistas centrales a estos antiguos relojes despertadores. Todo un símbolo de una época que en la actualidad forma parte de nuestra historia, al igual que todos los momentos extraordinarios que rescato en mi libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga".
Cada
uno de estos viejos relojes guarda en sus almas, el recuerdo vivo de sus dueños
y de las familias en las casas en las que estuvieron durante años, compartiendo
sueños y esperanzas, tristezas y alegrías.
Sepamos ver en ellos el
recuerdo de muchos seres queridos que hoy ya no están pero que nos regalaron
muchas horas felices de sus vidas y nos llenaron el alma de enseñanzas y
ejemplos de vida. (Autor: Julio César Melchior).
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