
La
receta la encontró en un libro, un libro de gastronomía, que le recomendó una
amiga, hace dos o tres meses.
Lo
compró porque en la obra se publican más de ciento cincuenta recetas
tradicionales de los alemanes del Volga.
Cuando
lo empezó a mirar, se fue emocionando, por los recuerdos de su niñez vivida en
la colonia y compartida con su abuela y sus padres, y por ver allí, publicada,
la misma receta que su abuela tantas veces había elaborado en la mesa de madera
de la cocina y freído en grasa, sobre la cocina a leña, solamente para ella y
sus primos.
El
libro se llama "La gastronomía de los alemanes del Volga", del
escritor Julio César Melchior.
Y lo
tenía abierto, de par en par, sobre la mesada de su cocina, en la Capital
Federal, en la página donde se detallan los ingredientes de la receta de
Kreppel.
Y
puso manos a la obra.
Tomó
un bol y comenzó a preparar la masa. La alisó con un palo de amasar y cortó los
rectangulitos, haciendo dos cortes en su centro. Para luego freírlos en aceite.
Hubiera preferido grasa, como su abuela, pero no era tan fácil conseguirla en
la ciudad de Buenos Aires.
A
medida que los iba haciendo, los espolvoreaba con abundante azúcar y los
colocaba dentro de una fuente.
Probó
uno. Lo saboreó con sumo placer. No estaban tan mal, por ser la primera vez.
Sus
ojos se llenaron de lágrimas. Pensaba que su abuela estaría orgullosa de ella,
si pudiera verla seguir la tradición familiar.
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