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domingo, 9 de enero de 2011

La historia del bebé

Una calandria… un hornero… un gorrión… Mariposas… Un trigal amarillo meciéndose al compás de las osadas caricias de la brisa… Árboles: eucaliptos, sauces… Un arroyito que pasa y se va… Unas nubes… Un atardecer de verano… Luces y sombras… Y una jovencita y un joven que se besan bajo el parral…
-¡No! ¡Basta! –lo aleja ella de un empujón. Voy a quedar embarazada. Y si eso sucede tendremos que casarnos.
-¿Embarazada? –pregunta el chico atónito. ¿De dónde sacaste eso?
-Me lo contó mi madre. Me dijo que no me dejara tocar por ningún hombre porque voy a quedar embarazada.
-¡Eso es mentira!
-¡Es verdad! Es más… En la colonia cuentan que a Alicia la besaron en un casamiento, en un descuido de la madre, y hora se tiene que casar. ¡Está embarazada! ¡Qué humillación! Es el comentario del pueblo. Todo el mundo la culpa. Ya no puede llevar una vida normal. Ni siquiera puede asomar la cara a la calle.
-¡Eso no puede ser! –exclama el chico, que tiene 16 años.
-¡Sí puede ser! –insiste ella, que tiene 15.
-¡Dame otro beso! Todo el mundo sabe que los bebés nacen de un repollo o que los trae el arroyo. A mi hermano lo encontraron en la quinta, entre los repollos. A mi primo, me dijo mi tía, lo trajo la corriente del arroyo.
-¿En serio?
-¡Te digo que sí! Es cierto. Me lo contó mi padre y mi padre no miente jamás. Es una persona honesta. Va todos los domingos a misa. Le teme demasiado al castigo de Dios como para mentirme.
Frente a estos sólidos argumentos la jovencita se deja besar y besa. Cada vez con más pasión. Se deja tocar y toca. Terminan teniendo sexo sin saber que están teniendo sexo.
Unas semanas después se enteran de que van a ser padres y de que se tienen que casar para solucionar el “problema” que engendraron. La familia escandalizada no les deja opción.
Ninguno de los dos sabe cómo hicieron para tener al bebé.

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