
Todos extrañan algo. Aunque no lo expresen y la mayoría no se de cuenta, extrañan algo. El suceder de la vida posmoderna les hizo perder cierto grado de identidad y muchas posesiones que llevaron en su memoria durante centurias. Ya no hay patios donde suenen acordeones y bailen parejas envueltas en una nube de tierra, con músicos destilando un aroma a cerveza, cantando canciones alemanas mientras el alma y los ojos se llenan de lágrimas rememorando la patria lejana. La posmodernidad trajo consigo cosas nuevas a cambio de perder otras. Y se sabe que todo trueque no siempre es justo, como también se sabe que todo cambio tampoco resulta del todo para bien o para, al menos, sentirse más pleno y más feliz. A veces, perder cosas, recuerdos, objetos, costumbres, hábitos, es perder tradiciones y junto con ellas, parte de la identidad.
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