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martes, 24 de enero de 2012

¡Y la vida se va!

Una casita de adobe, pintada a la cal; una anciana lavando ropa en una palangana; niños jugando; hombres arando la tierra; gaviotas que surcan el cielo, un horizonte de pampa húmeda: vastedad y misterio; promesa y futuro.
Transcurre el tiempo.
La inmensidad se trueca en trigal, el trigal en harina y la harina en pan. El sudor fructifica. Se transforma en hostia, en Cuerpo de Cristo.
Y la casita de adobe se viste de fiesta, la familia celebra la buena cosecha. Suena un acordeón; se escuchan voces cantando milenarias canciones. Surge el baile. Brota la emoción.
Vuelven a pasar los meses.
Llega el invierno. La helada. Nuevamente los hombres siembran. Nuevamente esperan la cosecha.
Y se les va la vida construyendo un futuro que nunca llega a ser presente porque el presente siempre es mañana y el mañana siempre está en manos de los hijos.