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miércoles, 2 de mayo de 2012

Héctor Sauer, sobreviviente del Crucero General Belgrano.

Por Victoria Cortalezzi


La emoción del hijo de Santa María a 30 años del hundimiento. 

A 30 años del hundimiento del crucero Ara General Belgrano, Héctor Sauer recuerda con profunda emoción aquel día que marcaría a fuego su vida; hoy con 50 años puede dar testimonio de lo que fue sobrevivir a un mar agitado con olas de 7 u 8 metros de altura, donde en pequeñas balsas rezaban, lloraban y muchos esperaban la muerte.
"En el crucero se hundieron 323 personas y nos salvamos 770” dice con profunda emoción.
La vuelta a las islas –en octubre del 2010—significó para los Veteranos de Malvinas suarenses, Héctor Sauer, Rubén Brodsky y Rubén Rohwein un cambio muy importante en sus vida, porque lograron cerrar sus heridas de guerra, liberándose de tanto dolor; además de rendirle un sentido homenaje, en el cementerio de Darwin, a los camaradas muertos, los “verdaderos héroes”, según ellos mismos expresan.
Pero sobre todo, dieron vuelta una página importante en la historia de sus vidas, para comenzar un capítulo donde ya no existe el sonar de las bombas y la oscuridad de la guerra, no hay más muertes, no sólo por el conflicto bélico sino por la posguerra; sino satisfacción por el deber cumplido, por amor a su patria.
“Antes del viaje a Malvinas yo sentía profundo dolor al cantar el Himno Nacional; se me hacía un nudo en el corazón y en la garganta, al entonar ‘y juremos con gloria morir’ y a partir del viaje ya no siento más eso; fue una liberación”, expresó.
En la actualidad, Héctor Sauer trabaja como auxiliar docente en la Escuela N° 4 de Pueblo Santa María (la tercera colonia alemana de esta localidad), donde recibe el reconocimiento de toda la comunidad, que lo respeta y valora, por ser protagonista de la historia de este país.
Sauer recuerda la Gesta de Malvinas con profunda emoción, destacando la valentía de los jóvenes que ofrendaron sus vidas en defensa del territorio, como verdaderos héroes.
“Es muy profundo el sentimiento que tenemos por Malvinas, sobre todo en honor a tantos camaradas que dejaron su vida por ese territorio y es muy doloroso ver tantas cruces en el cementerio de Darwin y no saber el nombre del soldado que dejó su vida allí”.
Al hablar del crucero General Belgrano, Sauer asegura que sentía que estaba “en su casa”.
“Cada dos meses salíamos a navegar, hacíamos prácticas de tiro y a un mes de la toma de las islas (el 2 de mayo) nos hundieron”.
“Nosotros no sabíamos en qué posición estábamos aunque hacíamos guardia permanente con prácticas que se llamaban “crucero de guerra” donde se cerraban todas la puertas; teníamos conocimiento de lo que sucedía en Malvinas por la radio”.
“Nunca tuvimos situaciones de peligro, solo hubo una falsa alarma con un avión argentino que no se dio a conocer”, recordó.
“El día del bombardeo --el 2 de mayo de 1982-- era domingo y con un amigo santafesino subimos a cubierta para escuchar el partido de futbol por la radio”.
“En ese momento, en las escaleras, se sintió el primer impacto. Después el segundo. Las luces se apagaron, el aire se impregnó de vapor y olor a quemado, y se escucharon los gritos. "¡Nos pegaron! ¡nos pegaron!". Eran las 4 de la tarde”. 
“A la media hora, el barco estaba de costado y a las 17, el buque estaba hundido, y más de la mitad de la tripulación flotaba en las balsas de auxilio”. 
“Nuestra balsa fue auxiliada a las 11 del martes siguiente, luego de dos días a la deriva en un mar agitado por olas de 7 u 8 metros de altura, donde rezábamos, llorábamos y muchos esperaban la muerte”.
"En el crucero se hundieron 323 personas y nos salvamos 770...".
Después de cuatro o cinco días regresó a la Base de Punta Alta y de ahí “volví a dedo hasta Pueblo Santa María, no tenia un peso y Valerio Herr me trajo hasta mi casa; después de algunos días me reencontré con mis padres que trabajan en el campo”.