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viernes, 3 de agosto de 2012

Historia de vida de Federico Tempel

Federico Tempel, 
un hombre que supo
 sobreponerse a todas 
las dificultades que el 
destino puso en su 
camino y ser feliz.
 Periódico Cultural Hilando Recuerdos dialogó con Elvira Tempel de Fuhr, que nos relató la dramática odisea que vivió su padre para inmigrar a la República Argentina. Una historia llena de dolor, sufrimiento y pérdidas de seres queridos. La vida de un hombre que supo reponerse a las angustias más desoladoras y formar una familia honesta y de buenos sentimientos, como lo fue él, que, con tan sólo 8 añitos, en total soledad, y huyendo de las matanzas de la guerra, llegó al país buscando paz y la posibilidad de ser feliz que no pudo hallar allá, en Rusia, donde quedaron para siempre sus amados seres queridos.

Elvira narró que “la vida de mi padre Federico Tempel” fue una historia de vida llena de dramatismo y desconsuelo permanente. Sufrió de cerca las crueldades e injusticias de la guerra. Vio con sus propios ojos, y sintió en su alma de niño, la destrucción de lugares queridos y la muerte inútil y sin sentido de seres amados.
“Nació en Saratov, Rusia –continuó contando Elvira. “Lo trajeron al país huyendo de la guerra porque estaban asesinando a mujeres y niños. Su madre, que ya había quedado sorda y muda por las bombas, lo envió en uno de los tantos barcos que partían con rumbo desconocido. La mayoría de las personas que viajaban en él eran niños y unas pocas madres”. Sobre una de esas naves, en total orfandad, desamparado y huérfano de seres queridos, en mitad del océano, comenzó a redactar su nuevo destino. Lejos, bien lejos, de su adorada madre.
Familia que 
Federico Tempel 
formó en estas tierras. 
Una familia colmada 
de dicha y bienestar.
“De esta manera llegaron a las costas de Brasil, desde donde fueron distribuyéndose hasta llegar a Crespo, en Entre Ríos, en la República Argentina”.
“Él tenía tan sólo 8 añitos y un baulito de madera donde traía unas pocas prendas y mucha tristeza y dolor en su corazón, porque había dejado su único amor que le quedaba, que era su madre, de la que jamás supo aunque más no sea una breve noticia. En ese momento estalla la guerra –afirma Elvira.
“Ya en la Argentina, y a los tumbos, trabajando en las quintas, para alimentarse, fue creciendo, y haciéndose hombre.
“En ese momento tomó la decisión de venir hacia esta zona. El viaje lo realizó en carro. Aquí echó raíces definitivamente: se casó con una mujer muy buena, que fue mi madre, Elena Schneider –dice Elvira. Tuvieron 6 hijos y yo soy la menor y la última que queda.
“Fue albañil, apicultor, sabía hacer todo tipo de trabajos y siempre decía que ‘la persona que no hace el bien hace el mal’. Era un ser humano único, que no se cansaba nunca. Los domingos eran para él un día para trabajar en casa.
“Siempre perseguido por la tristeza, cuando mi mamá tenía tan sólo 44 años, falleció en un recordado accidente: ella venía en un micro desde Huanguelén y el tren lo llevó por delante, destrozándolo, falleciendo ella y su hermana Magdalena y 22 personas más.
“Desde ese momento, mi papá asumió los roles de padre y madre. Hasta que fuimos creciendo y nos casamos.
“Siempre nos guió por el buen camino y dejando recuerdos muy hermosos”.
Una gran historia. Un ejemplo de vida. Un hombre que merece ser recordado y quedar en la historia de los descendientes de alemanes del Volga.
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Elvira Tempel de Fuhr, hija de Federico Tempel

Enlace matrimonial de Elvira Tempel y Marcelo Fuhr.
“Soy casada con Marcelo Fuhr. Siempre fuimos muy compañeros, muy felices. Él también perdió a su padre cuando apenas tenía 12 años. Fuimos un apoyo el uno para el otro. Tuvimos 2 hijos: Daniel y Gustavo. A Daniel lo despedimos con solamente 44 años, igual que a mi madre. Fue un dolor muy difícil de sobrellevar y una angustia que jamás olvidaremos –rememora Elvira.
“Tenemos 5 hermosos nietos, que son 5 soles, y 2 hijas postizas a las que apreciamos mucho. Siempre fuimos una familia muy unida”.