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lunes, 3 de diciembre de 2012

El hombre solitario y su dolor


Bajó la cabeza. Se sentía desolado. Su interior era un campo devastado por el viento de la muerte. Un cielo gris y un horizonte oscuro. Sin sol y sin pájaros. Un campo donde hasta ayer nomás habían florecido rosas y hoy sólo había hojas secas y arena. Un universo en donde ni siquiera había lugar para las palabras. Tal era la devastación, tal la desolación.
Miró el retrato. Lo observó en detalle. Lo apretó con fuerza y el cartón color sepia se resquebrajó y rompió. Los pedazos escaparon de entre los dedos como los últimos suspiros de su esposa fallecida hace veinte días, luego de una breve y dolora enfermedad.
Nada importaba ya. Absolutamente nada.