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viernes, 14 de junio de 2013

Albino Lang, con la música en el alma



Los bailes familiares con grandes orquestas. El sentir popular de los alemanes del Volga.


Dicen que el que toca nunca baila, y debe ser verdad. Así lo ratifica por lo menos Albino Lang, quien con su pinta de alemán de ojos celestes, alto, recto, debe haber estado muy buen mozo en su traje de música en cada ocasión en las que se presentó con la orquesta de los hermanos Gangone, con Juvencia o con otros conjuntos con los que tocó en salones de toda la zona. 
Es que a pesar de todos los suspiros que debe haber arrancado a las chicas de entonces, no tenía permiso más que para dar apenas una vueltitas por la pista y enseguida tenía que volver al piano o al bandoneón.
Recuerda que la primera vez que tocó tenía 14 años y entonces no dio lugar para mucha conquista, porque sus pantalones cortos (recién se podía usar pantalones largos a partir de los 15 años) denunciaban que era un chico todavía. 
En aquellos años todos los salones tenían piano para las orquestas: Independiente de San José, el Club Germano, Blanco y Negro, el Club de Colina y tantos otros lugares por lo que la orquesta típica de Salvador y Pedro andaba llevando su música.
En esos tiempos, al primer rasguido de la guitarra, cuando el fuelle del bandoneón comenzaba a soltar los primeros aires, la pista se llenaba de gente sin contemplaciones.
Eran épocas en que los jóvenes iban al baile con sus padres y era ahí donde se divisaba a las chicas solteras, allí es donde se ubicaban a unos metros los varones solteros. 
Ojitos va, ojitos viene, hasta que las miradas coincidían, oportunidad en la que el varón hacía una cabeceada invitando a ir a la pista. 
Si la chica movía la cabeza asintiendo, entonces, rápido el varón se dirigía a buscar a la dama a la mesa en la que estaba con sus padres. 
La cosa se complicaba si había dos chicas cerca que habían interpretado como propia la invitación y entonces el hombre debía escoger a alguna de las dos, prometiéndole alguna pieza en la siguiente entrada a la que se quedaba sentada.

Albino Lang tiene en su memoria miles de anécdotas de esta época de oro de las grandes orquestas de Coronel Suárez; y cada vez que puede las trae al presente para permitirnos disfrutar con los momentos más lindos, de otros tiempos ya pasados.

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