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viernes, 14 de junio de 2013

Marcelo Fhur recuerda las carneadas entre familiares y vecinos que se hacían hace muchos años


Era una fiesta que duraba entre dos y tres días.

Es un querido vecino de Coronel Suárez y de los Pueblos Alemanes. Se le conoce su acción institucional a través del Rotary Club Las Colonias y desde hace unos años es uno de los más entusiastas organizadores de la Fiesta del Acordeón, que ya se viene ahora en una nueva edición en el próximo mes de septiembre. 
Cada vez que puede además despunta el vicio de una de sus pasiones: tocar el bandoneón; y tiene consigo una catarata de buenos recuerdos en torno a la vida de antes en los Pueblos Alemanes o de las costumbres que los descendientes de alemanes llevaron hacia los lugares que escogieron para vivir.
Por eso fuimos en su búsqueda para que nos cuente de una práctica que hace unos cuantos años atrás era muy común en todos los hogares: la de la carneada.
Relata que se vivía como una fiesta entre familiares y amigos que se predisponían a ayudar, con el compromiso que después se retribuyera ese apoyo. 
Generalmente el o los cerdos (a veces eran dos ejemplares grandes y una vaca lo que se faenaba para hacer las facturas de cerdo) se criaban en los campos o en las chacras, en la parte de atrás de las viviendas que contaban con enormes terrenos disponibles. 
Recuerda que la mañana comenzaba con la faena, seguía con la tarea de pelar los chanchos (que se hacía pasándolos por agua caliente en su punto justo en enormes bateas) y luego continuaba con el desposte de los animales.
Mientras las mujeres, que se libraban de las tareas más pesadas, pero esto no quiere decir que laboraban menos, ya iban preparando todo lo necesario, como por caso la salmuera en la cual se dejaban por unos 20 días o 1 mes los huesitos de cerdo que luego se hervían y se comían con chucrut.
Marcelo Fhur aclara: los alemanes tenemos la costumbre de conservar los huesitos y también los jamones en salmuera, cubiertos hasta arriba, guardados primero en cajones de madera y luego, cuando hubo el material, en tambores de plástico, que daban mejor resultado. En cambio los criollos lo que hacían era ponerlos en baúles de madera todo cubiertos con sal gruesa.
Era una fiesta que duraba entre dos y tres días en la que participaban familias completas, con muchos momentos de trabajo y también de disfrute: cuando se comían los costillares asados, cuando se probaba la morcilla blanca o negra y cuando se hacía a las brazas el primer chorizo que salía de la máquina para probar si estaba bien de condimentos.
La carneada, una tradición que todavía se practica en algunos hogares de la ciudad y de los Pueblos Alemanes, pero que antes era una práctica común en casi todos los hogares.

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