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lunes, 5 de mayo de 2014

Increíble: El caballo que “apareció” en el dormitorio

Por Padre José Brendel

Era bravo Don Enrique cuando viejo; pero dicen que cuando joven, lo era muchísimo más.
Su natural fortaleza lo hacía peligroso. Se celebraba cierta vez un casamiento de tantos, y todo el pueblo estaba congregado en el lugar del convite, permaneciendo entre tanto todas las casas solas.
En los corrales de las fincas se mantenía una dotación fija de dos caballos para el carruaje, los que hacían su burguesa vida, gordos y brillantes de bienestar, juntos a los comederos de apetitosa avena.
Don Enrique se eligió un candidato en la fiesta, y desapareció del lugar, para regresar con un pretexto cualquiera a las horas.
Cuando cerca de la medianoche la gente volvía a sus hogares, hubo en una, voces de auxilio y gritos de miedo. ¿Qué había pasado? Cuando la familia abrió la puerta de su dormitorio, halló a uno de sus hermosos tordillos junto a la cama matrimonial, tocando casi el techo con la enhiesta cabeza. Al ver la luz, el pobre animal se puso aún más nervioso de lo que estaba, y ensayó un solo de patadas y relinchos en todos los estilos...
Para sacarlo de su difícil situación, hubo que romper el marco de la puerta, porque el tordillo ni pialado bajaba la testa y quedaba siempre atascado en ella.
Trabajaron toda la noche entre imprecaciones y risas, para librar al animal, mientras delante de la casa, los curiosos encontraron más razonable ponerse a bailar al son de un acordeón. Don Enrique había desaparecido, pero siempre quedó en el misterio, cómo había hecho para entrar él solo al tordillo bajo el marco de la puerta.

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