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jueves, 22 de mayo de 2014

Juan Hippener y el secreto de las carneadas

 
Secretos y anécdotas de una tradición muy antigua.

La familia Hippener, encabezada por don Matías y doña Imelda, viajaban cada año en su traqueteado automóvil Ford hacia Darregueira para ayudar a los primos en las carneadas, a comienzos del invierno. Los de aquel poblado llegaban hacia Pueblo San José para devolver el mismo favor, cuando aquí se faenaban los cerdos que se habían criado desde el año anterior con el cometido de asegurar las facturas de cerdo para toda la temporada invernal y las picaditas al anochecer de cada día, cuando el trabajo se terminaba.
Relata Juan Hippener que esos viajes hacia Darregueira, distante 150 kms. aproximadamente, duraban varias horas: “mi padre tenía muchos amigos en Cura Malal, Arroyo Corto y otros lugares. Se detenía en las casas de familia y en los bares para tomarse una caña y hablar sobre la carneada hacia la que se dirigía. Mientras mi madre tenía tiempo de rezar y hacernos rezar a nosotros varios Rosarios a la Virgen, pidiendo por la salud de todos y por el encuentro con los familiares”.
Recuerda que “era una verdadera fiesta. Las carneadas duraban entre cuatro y cinco días, no menos. Se iban comiendo mientras tanto las primeras producciones, degustando lo que se iba logrando. Pero también las mujeres tenían tiempo para hacer Kreppel y otras tortas para amenizar la tarde. Cada almuerzo terminaba muchas veces con un tazón gigante de café con crema, con la nata de la leche que por la mañana las mismas mujeres habían ordeñado. Ellas estaban a cargo de limpiar las tripas de los cerdos y las vacas faenados y de elaborar la morcilla negra y la morcilla blanca. Estas últimas se enfriaban en el pozo del aljibe para poder probarlas más rápido y degustar cómo habían quedado”. 
“Los hombres se encargaban de amasar muy bien la mezcla de carnes, grasa de animal y condimentos. Cada familia tenía el toque justo, personal, para los chorizos que después compartía con los familiares, pero también con las monjas y el cura del lugar, que eran los que recibían los primeros productos de la carneada de cada año”.
Recuerdos inolvidables de una actividad bien tradicional que está en el corazón de los Pueblos Alemanes.
Al escuchar el relato de Juan Hippener se encuentra la explicación de por qué cada año la Fiesta de la Carneada, que organiza la Asociación de Alemanes del Volga, concita tanto interés. 
Para la edición de este año, que se llevará a cabo el 30 de agosto, ya hay reservadas tarjetas mucho antes que salgan a la venta por parte de gente de la zona que esperan este acontecimiento. Y para este año Juan Hippener se propone batir un récord: elaborar el chorizo más grande de toda la Provincia, por lo que ya ha mandado a un tornero local a elaborar el implemento para poder embutirlo.

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