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viernes, 13 de junio de 2014

¡Te extraño, pueblo querido!

Recorrí la colonia soñando sueños que un día soñé y con los años fui perdiendo por las calles de la vida, como un enamorado que regresa a su primer amor con las manos vacías y el corazón destrozado, para descubrir que ella es feliz y yo sigo estando solo, buscando mi destino.
Vi las viviendas en dónde otrora vivían los Schroh, los Schwerdt, los Schwab, los Denk… Recordé con melancolía las casas que ya no están. Lloré los seres queridos y amigos que murieron y los que me ven pasar y no me recuerdan.
Los años no transcurrieron en vano –dice Conrado Suppes, amigo de mi infancia. La colonia ya no es la misma como no es la misma la gente que vive en ella. Tampoco las costumbres y las tradiciones son las mismas. Ya no están el horno de barro ni la cocina a leña; no existen el patio grande ni la huerta; ni los carros tirados por caballos; ni el lechero, ni el panadero, ni el carnicero recorriendo las calles con sus pregones. ¡Tampoco están las hermanas religiosas! Los cuartos de las monjas están vacíos: nadie murmura plegarias ni hace penitencias. La casa parroquial huele a soledad y olvido. La congregación dejó a Jesucristo clavado en la pared, esperando una espera inútil: las vocaciones religiosas no alcanzan para estar presente en tanto pueblo alemán del Volga fundado en la vasta  tierra Argentina.

4 comentarios:

  1. Es asi la vida que cambia con el tiempo.

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  2. Muchas gracias por visitar mi blog, leer y comentar!!! Abrazo grande, Rita!!!

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  3. Gracias Julio Cesar por el hermoso relato. Yo hace 40 años que deje mi pueblo natal, pampa Gringa Piamontesa en la llanura cordobesa. Cuando recorro sus calles y veo a los amigos que aún quedan más los que ya ni me conocen (nacieron cuando yo ya no vivía allá...) siento lo mismo que vos. Saludos.

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    1. Muchas gracias, Italo, por tus entrañables palabras y por compartir tus sensaciones y sentimientos!!!

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