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lunes, 8 de diciembre de 2014

Dos millones de alemanes por las estepas rusas: Una comunidad que se resiste a perder su entidad

Fuente: Diario "El País" de España.
PILAR BONET, - MOSCÚ
Gentileza de Jorgelina Fischer

En granjas perdidas en la árida estepa asiática soviética hay hombres y mujeres que de apellido se llaman Schmidt, Bauer o Frank, tienen jardines cuidados con esmero, casas de madera con visillos blancos de encaje en las ventanas, bibliotecas en el salón con alguna que otra edición de Schiller o Heine de principios de siglo o una novela de Anna Segheres publicada en la República Democrática Alemana (RDA). La corresponsal de EL PAÍS en Moscú visitó Kazakistán, donde se encuentra la mayor concentración de alemanes de toda la URSS.
Son alemanes de origen y soviéticos de ciudadanía, descendientes de los antiguos colonos, artesanos y comerciantes que llegaron hasta el río Volga en el siglo XVIII. En total hoy suman dos millones de personas, dispersas por las Repúblicas asiáticas de Kazajstán, Kirquisia, Tadjikistán y parte de la República federativa rusa. Para ellos las secuelas de la II Guerra Mundial no han concluido aún. La dispersión geográfica de esta comunidad, que se resiste a perder su identidad cultural y su lengua, es aún la consecuencia de la deportación de los ciudadanos soviéticos de origen alemán -por miedo a un eventual colaboracionismo- al producirse el ataque nazi contra la URSS en 1941.Antes de la guerra los alemanes-soviéticos habían llegado a formar la primera minoría étnica organizada separadamente y dotada de un territorio autónomo, la República Alemana del Volga, funda da en 1924 y abolida con la invasión nazi.
Se calcula que unas 700.000 personas fueron deportadas, pero la palabra deportación no forma parte del lenguaje oficial. Las estadísticas de población dadas por la Enciclopedia Soviética de Kazastán omiten la evolución de la población alemana en la zona, pese a que ésta constituye la tercera nacionalidad de Kazajstán.
" Si no hubiera habido evacuación de los alemanes soviéticos podría haberse producido un gran número de víctimas, ya que los soldados alemanes habían recibido instrucciones de tratar a los alemanes soviéticos como ciudadanos de la gran Alemania del Reich", nos dice en la ciudad de Zelinogrado Leo Weidmann, redactor jefe del diario Freundschaft, una publicación en lengua alemana cuya Redacción se encuentra en esta ciudad del de Kazajstán, que es el corazón de una amplia región cerealera (tierras vírgenes). Además de Freundschaft, que nació en 1966, otros dos diarios -Rote Fahne, en el Alta¡, y Neues Leben, en Moscú- forman la trilogía de publicaciones diarias de información general editadas en el idioma de una comunidad étnica que es mayor que la lituana, la estoniana o la hebrea, dotadas todas ellas de un territorio propio:
Una cultura en peligro
A la muerte de Stalin y tras el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) los alemanes- soviéticos fueron rehabilitados, pero la República del Volga no ha vuelto a existir y tampoco se ha dado permiso para regresar a las primitivas zonas de asentamiento. Hoy, los alemanes soviéticos están atrapados en una contradicción. Por una parte, la URSS trata de demostrar que los intereses de sus minorías nacionales, la alemana incluida, están bien protegidos, y de ahí la existencia de Prensa y literatura, emisiones de radio y escuelas en alemán. Por otra parte, con todo, reivindicar demasiado alto lo alemán como tal suscita desconfianza en un país que tan duramente sufrió las consecuencias del nazismo. Freundschaft publica bucólicos poerrías, noticias locales e internacionales y recetas de cocina en alemán, pero en el partido las reuniones son en ruso y, las bodas y los funerales se celebran también en este idioma, aunque los contrayentes o el muerto sean de nacionalidad alemana. Y de ello da testimonio el libro de fórmulas ceremoniales para estos casos que se guarda en el sobjos (granja estatal) de Erkenshiliksk¡, a unos 200 kilómetros de Zelinogrado, donde la mayoría de los 5.000 habitantes son alemanes.
Emigración a la RFA
La solución para muchos ha sido la emigración a la República Federal de Alemania (RFA). Hoy el número de personas que quiere emigrar a la RFA se calcula en unas 100.000, según datos de la Cruz Roja, pero la emigración es flor de temporada, y si en 1976, tras la Conferencia de Helsinki, fueron casi 10.000 los que abandonaron la URSS, en 1984 el número se había reducido a menos de 1.000 y durante la primera mitad de este ano apenas si pasa de los 200.Entre las razones aducidas por los que han abandonado la URSS figuran en primer lugar consideraciones de tipo cultural -escasas escuelas, proceso de rusificación- y religioso -falta de suficientes iglesias y de pastores para atender las necesidades de los fieles luteranos-, según aseguran fuentes diplomáticas occidentales en Moscú.
En el sobjos de Erkenshilikski vive un 51% de alemanes y un 25% de kazajos, siendo el resto miembros de otras nacionalidades, como ucranianos o rusos. El presidente del sobjos es un campesino grueso y campechano de voz atronadora que muy bien podría ser un agricultor de Baviera.
En cualquiera de las dos Repúblicas alemanas el presidente sería tan sólo Andrei Riemer, pero aquí el nombre de herr Riemer ha sido rusificado y acompañado del patronímico Andrei Andreievich Rimer.
Excepto en un caso, todos los habitantes del sobjos preguntados afirman vivir en esta zona desde hace mucho tiempo y aseguran que su presencia en Kazajstán nada tiene que ver con la guerra. "Mis padres llegaron aquí a principios de siglo, siendo niños", dice Riemer, que tiene cuatro hijos y ocho nietos. En su casa se habla alemán, pero los nietos tienen dificultades en ello, y lo mismo pasa con un joven mecánico al que abordamos mientras realiza reparaciones en el taller del sobjos.
Palabras rusas como televisor, mekanizator (tractorista), vnuki (nieto) y otpusk (vacaciones) se mezclan en el léxico de los vecinos del sobjos cuando hablan en alemán. Riemer tieneun acento cantarino que es el de sus antepasados. En total hay 10 modalidades del alemán aquí, desde el dialecto de Frisia hasta el suevo, pasando por el plattdeutsch. En la biblioteca del sobjos está el periódico Pravda, pero no se ven periódicos ni revistas en alemán y en los estantes los libros en ruso desbancan a cualquier otra lengua.
Los funcionarios que nos acompañan citan el caso de un grupo de padres kazajos, quienes, según aseguran, pidieron que se cerrara la escuela en idioma kazajo porque preferían que sus hijos estudiaran en ruso. Hasta el redactor jefe de Freundschaft acaba dirigiéndose en ruso a un grupo de periodistas germanohablantes reunidos en la Redacción del periódico, cuya tirada oscila entre los 20.000 y los 50.000 ejemplares.
Para Weidmann, hablar de carácter alemán en la República de Kazajstán resulta una "abstracción", ya que "existe una nueva sociedad histórica, resultado de un objetivo común". "Los alemanes soviéticos", sentencia, "viven como el resto de los ciudadanos soviéticos. No hay ninguna diferencia. Hasta cierto punto conservan sus antiguas tradiciones, que trajeron hace 300 años".
Carácter alemán
La lectura de Freundschaft permite, sin embargo, recoger pequeños detalles y peculiaridades de la comunidad alemana. Así, aparecen frecuentemente ejemplos de obreros disciplinados y diligentes cuya nacionalidad no se menciona pero cuyo apellido deja clara la procedencia. Y a veces el héroe negativo de la historia tiene casualmente un nombre ruso, como el ingeniero Ivan Petrovich, del cuarto piso, que bajaba a tirar la basura cuando el recogedor ya había pasado. Petrovich es criticado por un lector (alemán) por no colocar ordenadamente los desperdicios con el objeto de que el basurero -el tío Pasha- pueda dar los restos comestibles a sus "queridos cerditos".Pese a su aislamiento y la influencia de otros grupos nacionales, los alemanes mantienen características diferenciales y son conscientes de ello.
En Alma Alta, la capital de Kazajstán, la intelectual Elsa Ulmar recuerda los tiempos en que se reunía con sus parientes para entonar canciones alemanas al calor de la lumbre, antes de que la televisión se apoderara de los hogares. Elsa prepara sauerkraut y sus amigos recuerdan aún el kartoffelstrudel (pastel de patatas) que les preparó hace años. En el sobjos de Erkenshilikski una de las vecinas, alemana, que habla un idioma plagado de rusismos, se muestra orgullosa cuando se elogia el orden de su casa. "Donde hay alemanes se nota", dice.

1 comentario:

  1. fliae4@arnet.com.ar16 de mayo de 2015, 15:15

    mi abuela Eufrosina Schmidt de Schmidt tenia esa foto...quienes son_?

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