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viernes, 4 de septiembre de 2015

POEMA DEL INMIGRANTE

Por Ricardo Falk

Siempre hay un mañana y un ayer. Siempre una despedida y un volver. Y es la misma historia que a menudo se repite de querer volver. Vuelven las estaciones del año y con ellas su acontecer; vuelve el huerto a florecer, el fruto a crecer y las hojas a caer. Y en un atardecer encendido, regresan las aves a su nido, a dar calor y abrigo, y a sus polluelos proteger. Y nosotros: para bien, o para mal, siempre queremos volver, adonde quedó enterrado el cordón umbilical. Y qué sucede cuando volvemos al sitio anhelado? Entonces nos damos cuenta, que la mente nos ha traicionado; que nada es lo mismo, que todo ha cambiado; que aquel ambiente antes nuestro y halagüeño, ahora es ajeno, tiene otro dueño. Que ya no existe aquel humilde hogar donde un día todo fuera: luz y alegría, y hoy, aquel paraje triste, solo semeja una tumba fría. Entonces nuestros ojos entristecen, al ver el solar baldío donde triste canta un grillo, y unas hierbas crecen. Y qué nos queda entonces? Solamente volver de nuevo, al exilio voluntario, a voltear las hojas del calendario, y a esperar: que una fría mañana, o- un lluvioso atardecer, tengamos que emprender -el viaje del no volver- Amigo mío, la vida es un laberinto: es sueño, es ilusión y es misterio.
"La gente se cambia de país porque la ansiedad la acaba desgastando. Porque le corroe la sensación de que por mucho que trabaje, sus esfuerzos serán infructuosos, y que lo que ha construido durante un año será derribado por otros en un solo día. Porque ven un futuro atascado y aunque ellos tal vez salgan ilesos, sus hijos no. Porque creen que nada va a cambiar, que la felicidad y la prosperidad no son alcanzables sino en otro lugar."
En todas las palabras, nuestra palabra anda. En todas las luces brilla nuestra pequeña luz, nuestra esperanza. Del color de la tierra somos. Del color de la tierra es la hora y el mañana. Es la hora de la dignidad, la hora del puente que es también ventana. Es la hora de ver y vernos, sin vergüenza ni temor. Es la hora de luchar por la dignidad del color de la tierra y la esperanza.

¡Salud hermanos y hermanas de todos los colores! ¡Que viva siempre el color de la tierra que somos!

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