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domingo, 15 de noviembre de 2015

La historia de amor de Motie und Krotie

En un ropero, en una casa de adobe, ajada y antigua, dentro del bolsillo de un pulóver de lana de la abuela, vivía una polilla. Había anidado allí durante la tarde de un frío invierno, cuando la nieve cubría los patios de la aldea. Desde esa jornada pasaba las noches destejiendo  prendas. Nada pudo con ella ni siquiera las bolitas de naftalina que la anciana distribuyó en el ropero al descubrir su ropa llena de agujeritos. Ella vivía allí. Protegida, cómoda y feliz. Su nombre era Motie.
Pero hete aquí, que Motie tenía un secreto. En las noches de luna llena, cuando la abuela y el abuelo dormían, abandonaba la seguridad de su escondite, y se iba a la ventana, a soñar con su amado.
Su amado, en esas misma noches de luna llena, también salía de su hogar, de entre las confortables hojas de las flores del jardín, y se acercaba al a ventana, para admirar a su amada y cantarle hermosas serenatas. Él se llamaba Krotie.
Motie y Krotie eran de mundos diferentes. Los hombres dirían que los separaban las clases sociales o la escala que ocupaba cada uno en el reino animal. Pero ellos no sabían nada de clases sociales y tampoco habían estudiado biología. Solamente sabían una cosa con total seguridad, que se amaban.
Y se amaron. Como pudieron. Como les fue posible. Venciendo obstáculos. Pero nunca quejándose de las diferencias. Porque los dos sabían que en la diferencia estaba la fuerza de su amor: el amor de la polilla Motie y el sapo Krotie.

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