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jueves, 21 de enero de 2016

Rubén Alberto Schroh: El pibe que cumplió el sueño

Por Eduardo Luongo - Para Nuevo Día.


Para muchos fue uno de los jugadores más talentosos que salió de nuestra Liga. Después de debutar en El Progreso siendo muy joven, se fue a jugar a Banfield y luego al Deportivo Saprissa de Costa Rica. Sin embargo, a pesar del paso del tiempo, no pudo despegar el corazón de la familia y de su querido Pueblo Santa María.


Aunque su nombre no suene tan conocido para las nuevas generaciones, fue uno de los primeros suarenses en jugar en el fútbol profesional de la Argentina y el exterior. Perteneciente a una conocida familia de Pueblo Santa María, muy ligada a El Progreso, Rubén Alberto Schroh dio sus primeros pasos como futbolista en el club de su pueblo, donde no tardó en sobresalir por sus extraordinarias cualidades después que debutó en la Primera división, con apenas 17 años de edad.

En ese momento, aquel pibe habilidoso y con buen manejo tomó una decisión tan valiente como decisiva para su futuro: probar suerte en el fútbol grande. Así fue que apareció jugando en Banfield, donde pocos años antes había pasado otro suarense, Oscar Enrique “Monolo” Haack.
En 1973 se incorporó a las divisiones inferiores de Banfield. Schroh, que nació el 2 de junio de 1954, pronto se ganó un lugar en la Primera división del Taladro, donde fue compañero de Ricardo Lavolpe, El Bambino Veira, Silvio Sotelo, Roberto Sacconi, Félix Lorenzo Orte y Miguel González, entre otros recordados jugadores de la institución de Lomas de Zamora.
Durante cuatro temporadas defendió la casaca de Banfield y fue parte de un equipo que en 1976 logró el quinto puesto en el campeonato, una campaña que en ese momento fue histórica para esta institución.
El mediocampista siguió su carrera en el Deportivo Saprissa de Costa Rica, donde quedó en la historia al formar parte del conjunto que consiguió el hexacampeonato de ese país.
Finalizado su vínculo con el equipo centroamericano, volvió a su querida colonia para vestir la casaca de El Progreso y, a pesar que quemaba los últimos cartuchos, dio muestras de su inalterable calidad. Tal es así que Independiente de Bolívar lo contrató para jugar un Torneo Regional.
Una vez que se retiró del fútbol se radicó en Banfield, donde se dedicó a atender el comercio mayorista de su suegro. Padre de Mariana y Federico, de su primer matrimonio, y de Ezequiel, del segundo, un problema de salud –sufrió un leve ACV - lo empujó a volver hace cuatro meses a nuestra ciudad, donde encontró la contención y el afecto de familiares y amigos para ayudarlo en la recuperación.
Schroh recibió gentilmente a Nuevo Día en la casa de su hermana, donde vive ahora, y recordó sus años de futbolista, habló de sus sueños y también de los deseos de poder transmitirles a los chicos la experiencia cosechada en el mundo del fútbol.
-A qué edad empezó a jugar en El Progreso?
-Cuando tenía 16 años, en la Reserva. Salimos campeones y al año siguiente debuté en la Primera. También jugué en el seleccionado de la Liga Regional. Fue una época muy hermosa.
-¿Qué recuerda de esos años?
-En ese momento El Progreso traía varios jugadores de la Capital Federal y todos paraban en mi casa. Mi familia era muy futbolera. Me acuerdo de Meira, Carrizo, Rodríguez y Sorrentino, entre otros. El domingo los esperábamos con el desayuno, dormían un poco y después íbamos a jugar. Tengo muy lindos recuerdos de esos años.
-¿Cómo se dio el pase a Banfield?
-A través de uno de los jugadores que venían a El Progreso conocí a un dirigente de Banfield, al que le gustaba la caza mayor. Como Marcelo, mi hermano, que trabajaba en Vialidad Nacional, conocía a varios dueños de estancias, le consiguió permiso para cazar en las sierras. Este hombre me vio jugar y me ofreció ir a Banfield. Hasta me ofreció su casa para vivir. Un día hice el bolso y le dije a mis padres que me iba. El director técnico de las divisiones inferiores era Luis Bagnato. Me puso como titular en el equipo de Cuarta división y tuve la suerte de hacer dos goles. Después del partido me llamó aparte y me dijo que ya era jugador del club.
-¿Cómo fue la adaptación?
-Dejar mi familia y los amigos fue una decisión muy difícil. Además en esa época no existían los representantes ni nadie que contuviera a los jugadores como yo, que iban del interior. Me tuve que defender sólo aunque, por fortuna, me tocaron compañeros muy buenos, que me ayudaron muchísimo.
-¿Y los primeros pasos como futbolista?
-Después de un partido que le ganamos a Los Andes por 2-1, con dos goles míos, por las semifinales del campeonato de Cuarta división, el encargado de atender la cancha nos hizo un asado debajo de la tribuna. A ese partido habían invitado a Valentín Suárez, que era presidente de Banfield, a quien le habían hablado de mí. Yo no sabía quién era. Mis compañeros me decían, “alemán, mirá cómo te mira el presidente”. Hasta que me llamó aparte, me preguntó de dónde venía, me comentó que tenía muchas condiciones, que me iba a dar un viático y una pensión donde vivir. “Voy a ser todo lo posible para que llegues a jugar en la Primera”, me dijo. Fue una alegría enorme. Esto pasó en el ’73, el año que Banfield salió campeón de la B y ascendió. Al año siguiente empecé a jugar en Tercera y después pasé a entrenar con el plantel de Primera.

El esperado debut

-¿Quién era el técnico que lo llevó a Primera?
-El primero que me hizo jugar fue Héctor D’Angelo, pero el que me dio la titularidad fue Adolfo Perdernera. Un grande. Entré en el segundo tiempo de un partido contra All Boys, me fue muy bien, hasta le hice un pase al Bambino Veira, que en ese momento jugaba con nosotros, para que haga un gol. Ganamos 3 a 1. Después del partido, mientras me estaba bañando, apareció Pedernera y me dijo que el domingo siguiente sería titular contra Boca, en la Bombonera. Imposible imaginar la alegría que tenía. En ese momento estaba en la colimba, cuando le comenté a mi jefe, me dejó salir toda la semana para ir a entrenar.
-¿Cómo fue ese momento?
-Terrible. Jugar en  la cancha de Boca es algo muy especial, una experiencia hermosa. Cuando toqué la pelota me olvidé de la gente, lo único que me interesaba era hacer las cosas bien para el equipo. Tuve la chance de hacerle un gol a Gatti, pero cuando lo enfrenté me hizo un amague y sacó la pelota por encima del travesaño. Si lo hacía hubiera sido grandioso. Según el diario de Lomas, junto con (Héctor) Pitarch fuimos los mejores de Banfield en este partido. Igual terminé conforme. Después jugamos contra Huracán, empatamos 2 a 2. Yo hice el primer gol a Baley.
-También hubo un viaje al exterior.
-En el ’73, después que Banfield ascendió a Primera, hubo una gira por Centroamérica. El técnico era D’Angelo. Había 25 jugadores profesionales en el plantel, pero cuando el DT anunció la lista de los 17 que iban a viajar, me llevé la sorpresa de que me había incluido a mí, siendo que todavía no tenía contrato. Fue otra alegría muy grande. Fue la primera vez que viajé en avión.
-¿Qué fue lo más importante que le dejó el fútbol?
-Haber podido jugar en Banfield. Tengo los mejores recuerdos. Ahí conocí a mi esposa, que era hija de un dirigente, pude hacerme mi casa. Conocí muy buena gente. Me tocó jugar contra los grandes jugadores de aquellos años. Boca tenía un gran equipo, con Gatti, Trobbiani, Potente,  lo mismo que River en la época de JJ López, Merlo, Passarella. Cuando fui a Costa Rica, el primer año fui campeón con el Saprissa. Ese fue el sexto título consecutivo que conseguía el club. Otra alegría inmensa. Pero me hubiera gustado salir campeón con El Progreso, como mi hermano Héctor, en el ’74, porque amo mi pueblo igual que la camiseta.
-Uno de los jugadores más emblemáticos que tuvo como compañero fue Ricardo Lavolpe ¿Cómo fue su relación?
-Muy buena, me ayudó mucho, lo mismo que Pitarch, otra muy buena persona. La verdad es que tuve muy buenos compañeros como Sotelo, Sacconi, Cerqueiro, González, Moris. Con algunos de ellos todavía nos vemos.

En el exterior

-¿Cómo llegó al Deportivo Saprissa de Costa Rica?
-Por intermedio de un dirigente, que tenía un conocido en la Embajada de ese país. Me ofreció ir a jugar y acepté porque me pareció que podía ser una buena experiencia. Fuimos con un uruguayo, Daniel Silveira.
-¿Cómo era aquel fútbol?
-Era semi profesional, pero había muy buenas personas. Me hija Mariana nació allá, me trataron muy bien, tengo los mejores recuerdos de ese país. Jugué dos años en el Saprissa y uno en el Punta Arenas.
-¿Económicamente cómo le fue?
-Me tocó jugar en una época muy distinta a la de ahora, donde se manejan cifras muy grandes. Yo tuve la suerte de comprarme mi casa y todo eso. Cuando volví al país, jugué un año en El Progreso, para darles esa alegría a mis padres, en Tristán Suárez y Comunicaciones. También jugué un Regional con Independiente de Bolívar. Cuando me retiré me hice cargo del negocio mayorista de mi suegro.
- ¿Le hubiera gustado dirigir?
-Sí. Me ofrecieron trabajar en Banfield con los chicos, me hubiera gustado, pero por mi problema de salud no pude. Durante 12 años dirigí equipos de baby fútbol en el Country Club de Banfield. Me gusta trabajar con los pibes. Pasé momentos muy lindos.
 -¿Fue a ver fútbol en Suárez? ¿Qué le pareció?
-Me invitó mi amigo Coco Torres a ver la semifinal entre Peñarol y Automoto. No se puede comparar con mi época. Hoy el estado físico tiene muchísima preponderancia, se corre demasiado y se juega poco. No es fácil, hay que trabajar mucho con los chicos. Me puse muy contento cuando me enteré que Pedro Schroh se había hecho cargo de El Progreso, porque lo aprecio mucho. Le deseo lo mejor y espero que le vaya muy bien.
-¿Le gustaría trabajar en la Liga?
 -Mi intención era venir y poder trabajar en algún equipo, transmitir lo que aprendí y la experiencia que viví en el fútbol profesional. Ya estoy mejor de salud y pienso quedarme en la ciudad. Encontré mucha gente conocida que viene a saludarme, me hacen sentir muy bien, así que estoy muy agradecido.

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