T

T

miércoles, 20 de enero de 2016

Mi felicidad

Por María Rosa Silva Streitenberger

En mi niñez hubo mucha felicidad. Felicidad frente al tazón de leche tibia recién ordeñada y un pedazo de pan hecho por mamá. Felicidad al ir al arroyo con mis hermanas a buscar bosta seca para la cocina a leña y correr mariposas, o volver cantando las canciones de chicos. Felicidad al compartir todos juntos la mesa a las doce en punto y saborear lo que mamá nos cocinó con lo poco que había pero que sabía tan rico! Felicidad al ir a la escuela y jugar con mis amigas y luego lavar el piso de mi aula y el de la iglesia también, haciéndolo bien porque Dios me miraba y yo le tenía miedo. Felicidad cuando mamá me mandaba a lo de alguna vecina viuda y viejita a ver si necesitaba algo y llevarle polenta, yerba o pan y de paso limpiar la casa. Felicidad cuando jugábamos a la gallinita ciega con mis amigas y rompíamos sin querer el farol de la lámpara. Recibíamos flor de reto pero entre todas juntábamos los centavos para comprar uno nuevo. Felicidad al irnos a dormir, bajo un techo de chapa y una cama hecha con yuyo pero con el amor de mamá, papá y mis hermanos flotando en el aire. Ese amor, esa felicidad, nunca más la volví a sentir, aunque hoy mis comodidades son otras y tengo más de lo que existía en aquél entonces, daría todo, todo por volver a sentir la felicidad de mi niñez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario