T

T

martes, 9 de febrero de 2016

Historia de vida de una abuela alemana del Volga

“Éramos diecinueve hermanos, siete varones y tres mujeres, del primer matrimonio de mi padre, y cuatro varones y cinco mujeres, del segundo” –cuenta Margarita Weimann.  “Fuimos una familia tan numerosa que nunca pudimos estar reunidos todos juntos.  Ni de chicos ni de grandes. Había tanta diferencia de edad entre el primero y el último que más que hermanos parecían padre e hijo” –explica.

“Cuando murió mi mamá mi hermano menor tenía apenas unos meses. Papá quedó viudo con diez hijos. Nos repartieron en casa de mis abuelos, tíos, primos, dónde pudieron. Así terminados separados –revela con tristeza. Nunca volvimos a estar juntos. Mi papá se volvió a casar enseguida para criar a mi hermano y tuvo más hijos. A nosotros nunca nos buscó para llevarnos con él. Nos visitaba cuando tenía tiempo. Trabajaba mucho. A mí me crío una tía que tenía once hijos” –agrega.
“Empecé a trabajar desde muy pequeña. Había mucho para hacer en la casa.  Mucha ropa para lavar, coser, remendar. También tenía que ayudar a cocinar y cuidar de los niños. No fue fácil” –revela. “No pude ir a la escuela. En aquel entonces no era obligación que las mujeres estudiaran. Había mucho trabajo para hacer.
“Tampoco tuve tiempo para jugar. Jugaba cuando me podía escapar de la cocina” –confiesa.
“Estuve en la casa de mi tía hasta que me casé, a los diecisiete –relata. Mi tía no quería que me casara tan joven pero yo quería mucho a mi marido y quería irme y tener mi propia casa y mis propios hijos” –afirma.
“A los pocos meses quedé embarazada. En total tuve cinco hijos. Ya están todos grandes. La mayoría son abuelos” –afirma con satisfacción.
Margarita Weimann quedó viuda hace cinco años. Vive sola, en la casa en la que crío a sus hijos. Tiene ochenta y siete años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario