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jueves, 12 de mayo de 2016

Historia de vida de Rosa Gottfriedt, de 98 años

Rosa Gotfriedt es abuela del escritor Julio César Melchior
Según su Documento Nacional de Identidad, nació el 10 de noviembre de 1917; sin embargo, relatos familiares recuerdan que “ya tenía alrededor de dos años cuando su padre la llevó a anotar al Registro Civil”.
Sus padres, José Gottfriedt y Ana Stremel, dejaron su aldea natal a comienzos del siglo XX, en las márgenes del río Volga, para cruzar el océano y radicarse en Brasil. Allí nacieron varios de sus hermanos. Pero no pudiendo arraigar por considerarlas tierras inhóspitas, deciden emigran a la República Argentina e instalarse en  Pueblo Santa María, dónde nacen ella y varias hermanos más, completando un total de once hijos.
Desde muy niña aprende en su hogar a realizar todas las tareas que se esperan de una mujer y también lleva a cabo actividades masculinas a la par de su padre, colaborando en la economía de la casa, tal como se estilaba por aquellos primeros años en la incipiente localidad. Una localidad que ella ve crecer y progresar, siendo parte de ese entramado social que se teje y desteje al ritmo de las tradiciones y costumbres alemanas del Volga.
Contrae enlace matrimonial con Juan Jacob y tiene cinco hijos. Pasa casi toda su vida matrimonial trabajando en el campo, a la par de su marido. Donde conjuga la crianza y educación de sus hijos con labores rurales, que la llevan a hacer frente a las heladas, el frío y a condiciones climáticas adversas, y a realizar tareas que requieren fuerza y coraje, que hoy consideraríamos no aptas para mujeres.
Fiel representante de lo que se considera la estirpe y el ejemplo cabal de una mujer alemana del Volga, posee un carácter seguro y decidido, capaz de llevar las riendas de su familia. Algo que viene haciendo desde el momento que enviudó, hace ya muchos años.
Conservó y legó a sus descendientes, todo el bagaje cultural que le transmitieron sus ancestros. A tal punto lo hizo que durante toda su vida solamente se manejó con el dialecto, única lengua que habla. Lo que no le impidió visitar y conocer otros lugares del país y relacionarse con su gente.
Mujer alemana del Volga por excelencia,  cree fervientemente en Dios, en la familia, en el trabajo, en la honestidad, la generosidad, la solidaridad y la entrega a sus descendientes, a quienes deja una vida digna de admirar y emular, y un legado cultural enorme.
Fue destacada con la distinción Santa María Honor al Mérito.

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