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domingo, 31 de julio de 2016

Mi pueblo querido

Recorrí la colonia soñando sueños que un día soñé y con los años fui perdiendo por las calles de la vida, como un enamorado que regresa a su primer amor con las manos vacías y el corazón destrozado, para descubrir que ella es feliz y yo sigo estando solo, buscando mi destino.
Vi las viviendas en dónde otrora vivían los Schroh, los Schwerdt, los Schwab, los Denk… Recordé con melancolía las casas que ya no están. Lloré los seres queridos y amigos que murieron y los que me ven pasar y no me recuerdan.
Los años no transcurrieron en vano –dice Conrado Suppes, amigo de mi infancia. La colonia ya no es la misma como no es la misma la gente que vive en ella. Tampoco las costumbres y las tradiciones son las mismas. Ya no están el horno de barro ni la cocina a leña; no existen el patio grande ni la huerta; ni los carros tirados por caballos; ni el lechero, ni el panadero, ni el carnicero recorriendo las calles con sus pregones. ¡Tampoco están las hermanas religiosas! Los cuartos de las monjas están vacíos: nadie murmura plegarias ni hace penitencias. La casa parroquial huele a soledad y olvido. La congregación dejó a Jesucristo clavado en la pared, esperando una espera inútil: las vocaciones religiosas no alcanzan para estar presente en tanto pueblo alemán del Volga fundado en la vasta  tierra Argentina.
Y yo sigo recorriendo la colonia buscando a ese niño que un día fui. A ese niño que aprendió a ser hombre a una edad muy temprana. A ese niño que vivió una infancia ingenua y humilde, es cierto, pero sumamente feliz. A ese niño que jamás olvidó a su querida colonia y a su gente, su amada gente que hoy regresó a buscar para volver a sus raíces.

1 comentario:

  1. Los relatos de lo cotidiano, desde las raíces y los recuerdos siempre me han fascinado. Gracias por transmitirlo desde el corazón. Sumo mi post de Espíritu Mushotoku http://espritumushotoku-alicia.blogspot.com.ar/2013/08/hombres-rubios-en-el-surco.html

    De excelencia Hilando recuerdos!

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