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sábado, 2 de diciembre de 2017

Los veranos en tiempo de la abuela

En tiempos de la abuela daba gusto recorrer la colonia durante el verano. En cada casa florecía un jardín y producía una huerta. Hombres, mujeres y niños se esmeraban para regar en los atardeceres, sacando agua de la bomba y trasladándola a grandes baldes. Se trabajaba en familia. Todos utilizaban la pala para dar vuelta la tierra, el rastrillo para emparejarla y las azadas para formar los círculos donde luego se sembraban las semillas. No faltaba la clásica regadera de chapa. Tampoco los inventos para espantar a los pájaros, como el rectángulo de madera recubierto con alambre tejido o los piolines con tiritas de colores, entre otros. Las verduras se cosechaban y se consumían frescas y con el excedente se realizaban dulces, conservas y encurtidos.
En pleno verano, se hacían suculentos pucheros con abundantes verduras, que se ponían a cocinar desde temprano a la mañana sobre la cocina a leña. Donde también, y a la par, se cocinaban los dulces de tomate, zapallo, entre muchos otros, para consumo inmediato y para guardar en el sótano para el invierno.

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