
También cuenta que tuvo doce
hermanos y que la casita de adobe en la que nació y vivió hasta que se casó, a
los quince años, solamente tenía una cocina y dos habitaciones. Y que el piso
era de tierra. Los muebles muy escasos. Que lo más caro e importante que tenían
era la cocina a leña. Todos los muebles los fabricó su padre en los tiempos
libres que le dejaba el trabajo en el campo. También cuenta que faltaban camas
pero que nunca nadie se quejó, que tuvo una infancia feliz. Sostiene que
mientras iban naciendo más hijos, los más grandes ya se iban a trabajar a otros
campos, con otros patrones, sobre todo los hombres, y las mujeres, generalmente
se enviaban a trabajar a la ciudad, de sirvientas. "Antes -acota- los
hijos teníamos que empezar a trabajar a los nueve o diez años para ayudar a
mantener a toda la familia". Eso hizo que solamente los tres hermanos
menores pudieran asistir a la escuela y completar la primaria. Los demás,
apenas aprendieron a leer y escribir gracias a que la madre pudo enseñarles los
rudimentos básicos para leer la Biblia y rezar.
"Vivíamos humildemente"
-reconoce- "pero no éramos pobres porque nunca nos faltó un plato de
comida ni tampoco jamás pasamos hambre. Mamá se las ingeniaba con lo que tenía
a mano para que todos sus hijos crecieran fuertes y sanos. Ella criaba
gallinas, patos, gansos, tenía una quinta de verduras, que todos ayudábamos a
regar, y un cerdo siempre listo para la carneada. Se hacía chorizo dos o tres
veces al año. Y el dulce casero, la manteca casera, al igual que los quesos y
la miel, no faltaban nunca. Mi madre se levantaba a las cuatro de la mañana,
junto con mi papá. Amasaba y horneaba el pan diario. Después ya comenzaba la
jornada de cada día. Mientras mi padre se iba a arar, mi madre y mis hermanos
ordeñaban las vacas".
"Yo empecé a ordeñar a los
nueve años. Hacía un frío tremendo. Helara o lloviera, a las vacas había que
ordeñarlas, porque de eso dependía no solamente nuestro sustento diario sino el
ingreso de un dinero extra, porque el excedente de leche se vendía. Al igual
que mamá vendía huevos, gallinas, patos, gansos. Vendía de todo! Nuestra casita
estaba casi a las afueras de la colonia, eso permitía a las gallinas vagar
libremente. Aunque antes, todo el mundo tenía gallinas y cerdos. A nadie le
molestaba. La gente era más comprensiva y más solidaria" -sostiene.
"A la escuela fui solamente
hasta segundo grado. En realidad, mucho no me gustaba. Las maestras eran muy
severas. Ante cualquier error enseguida recurrían al puntero. A mí una vez me
pegaron tanto sobre los dedos que me dolieron durante una semana entera. Encima
tenía que fingir para que no se dieran cuenta en casa, porque si no también me
hubieran castigado. Antes, el maestro siempre tenía razón. Fue difícil ordeñar
con los dedos doloridos. Pero qué iba a hacer?".
"Dejé la escuela y me
mandaron a trabajar cama adentro a casa de un matrimonio que tenía diez hijos.
Yo tenía que cocinar, lavar y planchar, porque ellos tenían una tienda".
"Allí estuve hasta que me
casé. Todavía era muy joven cuando conocí a mi marido. Él era amigo de mis
hermanos. Nos gustamos y decidimos casarnos. Nos fuimos juntos a trabajar al
campo, al día siguiente de habernos casado. No había dinero para fiesta de
casamiento. Sí, tuve mi vestido blanco y una cena familiar en casa de mis
padres. Uno de mis tíos tocó el acordeón. Se armó un lindo baile".
"Después fueron naciendo mis
seis hijos. Dos pudieron terminar la secundaria. Los otros, lamentablemente,
solamente la primaria. Siempre hubo tiempos difíciles. Sobre todo en el campo y
para los peones. Cuando nos jubilamos nos vinimos a vivir a la colonia. A la
casita que fuimos construyendo con mucho esfuerzo. Y aquí estamos, los dos
solitos. Todos mis hijos se casaron e hicieron su vida. Algunos están lejos,
otros cerca. Últimamente nos vemos poco. Es difícil que puedan coincidir todos.
Así es la vida" -concluye doña María. "Y uno debe tomarla como venga".
(Autor: Julio César Melchior). (Para conocer y profundizar el tema los invito a
leer mis libros “La vida privada de la mujer alemana del Volga” y “Lo que el
tiempo se llevó de los alemanes del Volga”).
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